EL PUENTE DE BROOKLYN | Bajo la lluvia

 

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: Jorge Díaz Saenger

 

Nueva York amaneció con lluvia el día que, con mi familia, decidimos cruzar el Puente de Brooklyn. Nuestra estadía en la ciudad iba a ser corta y no estábamos dispuestos a marcharnos sin cumplir uno de esos pequeños desafíos que uno se impone cuando tiene la posibilidad de conocer un lugar tantas veces visto en fotografías, películas y relatos. Así que, pese al frío y a la lluvia, nos animamos. Atravesar el Puente de Brooklyn fue mucho más que caminar de Manhattan hacia Brooklyn. A medida que avanzábamos, sentíamos que estábamos cruzando también una parte de la historia de Nueva York. Bajo nuestros pies había una obra de ingeniería extraordinaria; a nuestro alrededor, una ciudad que parecía no detenerse nunca, incluso bajo el aguacero.

 

 

El puente fue inaugurado en 1883, después de catorce años de construcción, y se convirtió en el primer gran puente colgante del mundo construido con cables de acero. Desde entonces, cambió para siempre la manera en que los neoyorquinos se relacionaban con ambas orillas del East River. Pero lo que más nos sorprendió fue descubrir que detrás de aquella monumental estructura había una historia familiar marcada por la tragedia y la perseverancia. El ingeniero John A. Roebling, diseñador del puente, murió antes de verlo terminado. Su hijo, Washington Roebling, asumió entonces la dirección de las obras, pero una grave enfermedad le impidió continuar trabajando directamente en terreno. Fue entonces cuando apareció una figura que durante mucho tiempo permaneció en segundo plano: Emily Warren Roebling, su esposa. Emily estudió ingeniería y matemáticas avanzadas para poder colaborar con su marido y supervisar la continuación de un proyecto que parecía condenado a fracasar. Durante años, siguió adelante con una obra que terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de Nueva York.

 

 

Mientras caminábamos bajo la lluvia, pensé que probablemente pocos de los miles de turistas que cruzan hoy el puente imaginan cuánta lucha, enfermedad y determinación hay detrás de esas enormes torres de piedra. Y también descubrí algunas historias mucho más curiosas. Cuando todavía existían dudas sobre la resistencia de la estructura, el famoso empresario circense P. T. Barnum hizo desfilar por el puente, en 1884, a 21 elefantes y 17 camellos. La imagen debió ser extraordinaria: una caravana de enormes animales avanzando sobre aquella nueva construcción para demostrarles a los desconfiados neoyorquinos que el puente era seguro. Con el tiempo, el Puente de Brooklyn tuvo incluso usos que jamás habríamos imaginado. En sus espacios interiores llegaron a almacenarse barriles de vino y champán. Décadas después, algunos de esos lugares fueron utilizados como refugios antiaéreos durante la Guerra Fría. En 2006 se encontraron allí antiguos suministros de emergencia que habían permanecido olvidados durante años. Así, la historia parecía no terminar nunca.

 

 

Cuando finalmente llegamos a Brooklyn estábamos empapados y muertos de frío. Lo primero que hicimos fue refugiarnos en un café. Necesitábamos recuperar el calor y, de paso, contemplar desde cierta distancia aquella mole de piedra y acero que acabábamos de atravesar. Después salimos a recorrer una serie de tiendas instaladas en antiguos almacenes del puerto. Allí existía otro Brooklyn: espacios que alguna vez estuvieron ligados al movimiento de mercancías y que ahora habían sido transformados en lugares de encuentro, comercio y turismo. La lluvia, que al principio se había sentido como un inconveniente, terminó convirtiéndose en parte de la experiencia. Nueva York bajo la lluvia tenía otra atmósfera. Las calles brillaban, el puente aparecía envuelto en una especie de neblina y las torres de piedra parecían todavía más antiguas y monumentales.

 

 

Al marcharnos pensé que algunos lugares no necesitan grandes explicaciones para convertirse en recuerdos. El Puente de Brooklyn era uno de ellos. Habíamos ido hasta allí simplemente porque nuestra estadía en Nueva York era corta y queríamos aprovecharla al máximo. Terminé llevándome mucho más que una fotografía. Me llevé la sensación de haber caminado sobre una obra que sobrevivió a sus constructores, a las dudas de sus contemporáneos, a guerras y a décadas de transformaciones urbanas. Y mientras me alejaba, recordé un dato que me pareció casi una metáfora: en lo alto de sus torres todavía anidan halcones peregrinos.

 

 

Quizás esa sea una de las razones por las que algunos puentes nunca pasan de moda: porque no solo conectan dos lugares. También conectan el pasado con el presente, las historias de quienes los construyeron con quienes los seguimos cruzando. Y nosotros tuvimos la suerte de cruzar el Puente de Brooklyn bajo la lluvia.

Habilidades

Publicado el

8 septiembre, 2026

8 Comentarios

  1. Gonzalo Hederra

    Extraordinaria historia, y como el mundo es un pañuelo muy apropiada para mí y hoy, ya que es domingo 20 Septiembre y estoy en NYC; y antes de volver a Chile hoy en la noche, nuestro plan era ir a almorzar al barrio de DUMBO cruzando el puente de Brooklyn, y llueve en la ciudad, por lo que pese a que también llueve iremos de todas maneras a experimentar esa preciosa obra de ingeniería que es uno de los grandes símbolos de la ciudad.

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  2. Carmen Schmitt

    De Maria Eugenia Aviles Amigo
    Fecha: 20 de septiembre de 2026 a las 9:46:45 a.m. CLST

    Gracias, preciosa experiencia. Entregada con una interioridad plena de observación real y profundo reconocimiento humano, histórico.
    Mil gracias.
    María Eugenia Avilés Amigo

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  3. G Delfierro

    Gracias, he cruzado el Puente decenas de veces y nunca pense enla historia relatada aqui, que abre los ojos a realizaciones del pasado que uno las toma como algo natural.

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  4. Soledad Miranda

    ¡Qué lindo relato, Jorge Díaz! Y qué lindo, además, que te hayas dado el emotivo trabajo de hurgar en la historia de esa construcción para entregarle todo ese contexto que la hace aún más imponente. Emily Warren Roebling debe estar sonriendo en la nube desde la que mira a los visitantes…
    Soledad Miranda

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    • Yvette Sabelle Olhagaray

      Experiencias en familia y por tierra son las que construyen ese lugar seguro y potente para la vida: gracias por compartir el recuerdo.

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  5. Bernardita del Solar

    Muy entretenido relato . Descubrir la historia detrás de las cosas o personas es siempre interesante . Aparte de que me encanta NYC . Preciosas fotos !!!

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  6. Mauricio Cardona

    Valoro tus aportes que motivan a mirar los lugares desde otra perspectiva. Soy seguidor de tus viajes.

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  7. Mónica Silva Andrade

    Magnífico relato de mi querido colega y amigo Jorge Díaz Saenger.Nuna he estado en la ciudad que nunca duerme.

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