TEXTO: Anamaría Sir de la Fuente – FOTOGRAFÍAS: Anamaría Sir y agencias
Para muchos de nosotros, Rapel es un lago ubicado en la Región de O’Higgins, pero técnicamente no es así: es un embalse artificial –el más grande de nuestro país– que fue inaugurado en 1968 tras los cinco años que demoró la construcción de la Central Hidroeléctrica del mismo nombre y que empezó a funcionar luego de recibir las aguas los ríos Cachapoal y Tinguiririca, con el fin de obtener energía eléctrica y apoyar el riego en la zona, dos funciones que se desarrollan hasta el día de hoy. Con una extensión aproximada de 8.000 hectáreas, el proyecto consideró inundar un área que abarcó cuatro comunas: Las Cabras, Litueche, La Estrella y Pichidegua, siendo Las Cabras la que abarcó una mayor superficie del área lacustre y que es actualmente reconocida como la principal zona turística y con mayor oferta de servicios del sector. Sin embargo, es en Litueche donde está instalada la represa con su gran murallón, que es uno de los atractivos turísticos del sector. Cabe señalar que su construcción constituyó un desafío en todo sentido: se utilizó una cantidad de concreto equivalente a una carretera desde Arica a Santiago (740 mil metros cúbicos) y fierros suficientes como para poder construir una nueva Torre Eiffel como en Francia (27 mil toneladas). Además, hubo que reubicar a un número no menor de pequeños propietarios que ocupaban la zona y se debieron modificar los cauces naturales de los dos ríos afluentes.



Tras su inauguración, el lago se convirtió en un importante foco turístico y de veraneo de la zona central, destacando por la práctica de deportes náuticos como esquí acuático, kayak y windsurf, en especial en la zona de la ribera sur. Allí precisamente se encuentra Costa del Sol, sector donde estuve por 10 días, invitada junto a mi familia a la estupenda casa que tienen hace más de 30 años, mi cuñada y su marido. Y es que en Rapel se estila llevar un estilo de vida donde las principales actividades giran en torno a compartir con familiares y amigos, ya sea en sus propias viviendas o arrendadas. Las peculiares aguas de este lago que de cerca se ven verdosas y de lejos muy azules –poseedoras de una calidez poco usual en Chile– invitan no sólo a hacer deportes, sino a pasear por sus costas en los distintos “juguetes” náuticos a que cada uno pueda tener acceso, como motos de agua, veleros, botes, lanchas, etc., y a descubrir nuevas rutas por los numerosos brazos de este lago, que llama la atención por sus bordes tan irregulares y porque tiene ¡44 kilómetros de largo!





Sin duda, la orilla del lago destaca por la variedad y atractivo de las múltiples casas que con los años se han ido construyendo, donde se nota una verdadera preocupación por hacer y mantener jardines, todo en una zona donde el entorno es muy árido y desafortunadamente muy propenso a incendios forestales en los meses cálidos del año. Es así como en los extensos prados proliferan distintas variedades de árboles que fueron traídas desde otras zonas del país, como palmeras y sauces, los que conforman un paisaje de contrastes debido a la aridez que da un marco de fondo a todos los asentamientos.





Me tocó estar en un sector mayoritariamente de viviendas familiares de veraneo, pero al ir más de una vez de compras–en lancha– al San Roberto, un pequeño pero surtido supermercado ubicado en una especie de “centrito” comercial con expendio de bencina, food trucks y algunos pequeños bares y restaurantes, me informaron que hay una buena oferta de servicios de camping, hotelería y arriendo de viviendas, a los que se puede acceder fácilmente por distintas plataformas online. Si bien el embalse o lago Rapel no pretende competir con las localidades que llevan la vanguardia en el turismo en Chile, es indudable que es un destino que tiene lo suyo, e ideal para viajeros en vacaciones, tanto es así, que hay un sector bautizado por los locales como “Rocapulco”, donde los más audaces se tiran piqueros o simplemente se dejan caer desde más de 10 metros del altura… ¡Y doy prueba de ello porque mi sobrina Catalina lo hizo!




Finalmente quiero destacar que en Rapel existe la CODEPRA (Corporación de Desarrollo y Protección del Embalse Rapel), organización privada sin fines de lucro integrada por vecinos y propietarios del lago, cuyo objetivo es velar por su protección y fomentar el turismo de manera sustentable y responsable, ejemplo que otras comunidades lacustres no deberían descuidar dado los tristes acontecimientos que han sucedido en nuestro país.













Excelente descripción del Lago Rapel, Carmen. No obstante, mi gran amigo Bernardino Muñoz (QEPD) me invitó en muchas oportunidades nunca fui.
Mi esposa, María Olga, es Zaparallina pero en nuestro próximo viaje a Chile (en Marzo) la convenceré de que vayamos al Lago Rapel.
Buenísimo!! Muy interesante y entretenido. De todas maneras hay que conocerlo.
Ojalá puedan ir, vale la pena!
Genial, Hugo… Yo tampoco lo conocía y jamás me imaginé que era tan lindo.
Buena crónica de ese lindo lago-embalse que merece visitarse
Hermoso lago..he ido varias veces Mi hermano tiene su casa de verano alli8
Gracias una ves mas. Gran reportage que me hace desear conocerlo personalmente.
Lamentablemente es una obra que se hizo despues de mi salida de Chile y en viajes posteriores nadie me menciono la belleza de edte lugar
Gracias por los datos. Buena descripción de un lugar muy hermoso y sobre todo familiar.
Gracias por destacar y describir tan bien un lugar tan cerca De Santiago donde la vida familiar es relevante. Tenemos una casa muy cerca de Costa del Sol y la tranquilidad que se vive en el lago y su entorno es rejuvenecedor. Felicitaciones y gracias
Que buen relato haces Anita, reencantas los lugares , Rapel para mí no tenía mayor encanto, nos permites mirar con otros ojos
Graciass
gracias por tus reportajes interesantes aun cuando he ido varias veces invitada nunca supe tanto detalle Gracias