Pichicuy | La pequeña bahía de los sueños

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: Jorge Díaz Saenger

 

Un fin de semana basta para comprender por qué Pichicuy se queda en la memoria. Desde la terraza de una de las casas del condominio Costa Huaquén, la vista se abre hacia un horizonte donde el mar, el humedal y el cielo se entrelazan en un mismo lienzo. Frente a mí, las aves migratorias revoloteaban sobre las aguas tranquilas que se forman con la llegada del estero Pichicuy, un escenario natural que invita al recogimiento y a la contemplación.

 

 

El nombre de este balneario, “Pichicuy”, proviene del mapudungun: pichi significa “pequeño” y kuykuy puede traducirse como “puente” o “bahía”. Así, Pichicuy puede entenderse como “pequeño puente” o “pequeña bahía”, una definición poética que parece hecha a la medida de este rincón del litoral chileno, ubicado en la comuna de La Ligua, provincia de Petorca, Región de Valparaíso.

 

 

Pichicuy es más que un balneario: es pueblo, caleta y refugio. Su carácter apacible lo convierte en un lugar donde conviven la tradición de la pesca artesanal con la energía vibrante del surf. Las familias que llegan de La Calera y Santiago durante el verano encuentran aquí un espacio seguro y sereno para bañarse, caminar por la arena y compartir atardeceres que pintan el mar de tonos dorados y púrpuras.

 

 

Pero para los surfistas, Pichicuy es un paraíso. Sus olas, que varían entre 1 y 6 metros según el humor del océano, lo convierten en un destino de culto. Y cuando la mar “se pone mala”, como dicen sus habitantes, aparece La Marmola, una ola imponente que puede alcanzar hasta 13 metros y que ha sido domada por surfistas de talla mundial.

 

 

Ese espectáculo natural no solo deslumbra a quienes se atreven a enfrentarlo, sino también a quienes lo observan desde la orilla con una mezcla de respeto y admiración. El humedal, por su parte, guarda un encanto particular. Es un santuario para aves y un espacio que revela la riqueza de la biodiversidad costera, invitando a recorrerlo en silencio, como quien atraviesa un lugar sagrado. Visitar Pichicuy es descubrir un sitio donde la naturaleza habla con voz propia. Es sentir que cada ola y cada ráfaga de viento arrastran consigo historias antiguas, escritas en el idioma de la tierra y del mar. Es un rincón que no busca deslumbrar con artificios, sino con la autenticidad de lo simple: un puente pequeño, una bahía serena, un refugio que abraza a todos los que aquí llegan.

 

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Publicado el

22 diciembre, 2025

8 Comentarios

  1. Magdalena Novoa Aldunate

    Lindas fotografías de una bahía por mi desconocida, pero lo que realmente conmueve es el texto poético de Jorge Díaz S., respecto a esta pequeña bahía, paraíso de surfistas y pescadores…. » cada ola y cada ráfaga de viento arrastran consigo historias antiguas, escritas en el idioma de la tierra y del mar» . Imposible mejor expresado. Felicitaciones!

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    • G Delfierro

      Un lugar interesante como mucos en la costa de Chile. He tenido la suerte de recorrer gran parte de Chile, yendo hacia el Norte. Entre Santiago y la Serena visite 4 lugares como este y un par con una casucha y un pescador, año 1959. Exactamente ¿donde queda Pichicuy?

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      • Anónimo

        Hola, Gonzalo…
        Pichicuy se encuentra a aproximadamente 174 kilómetros de Santiago y a 25 kilómetros de La Ligua. La ruta 5 al norte pasa a un costado de la playa y frente al condominio Costa Huaquén.

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    • M. Eliana Tagle O'Ryan

      Concuerdo con Magdalena Novoa: una descripción poética del lugar e imágenes que la avalan e invitan a visitar Pichicuy.
      Gracias Jorge Díaz, Carmen y Bendito Planeta.

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    • victoria montecinos

      Estoy muy cerca, en Pichidangui, próximo destino Pichicuy. Seguro!!!

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  2. Milicent J. Macowan

    PRECIOSO LUGAR !!!!!!!!! Y QUE BUEN ARTICULO !
    Sé de amigos que viven acá en Viña delMar, pero van a ese lugar para surf y disfrutar del mar …….

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  3. Maria Infante

    Inolvidable la visita veraniega con mis padres, para disfrutar del mar y comprar jaibas.

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  4. Pedro Mattar

    Pichicuy es un pequeño puente con el mar por propia realidad y su nombre ancestral. Es juntarse con las olas a veces blancas, con espuna y otras, solamente vestidas de azul marino.

    Una bella playa más de nuestro extenso mar territorial, como tantas, pero el autor del texto y las fotografias, hizo además, con brevedad una fina descripción, regalandonos el encanto de la poesia.

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