TEXTO: Jorge Díaz Saenger – FOTOGRAFÍAS: Jorge Díaz y agencias
La ciudad puerto de Hamburgo, conocida como la “Venecia del Norte” por su vasta red de canales y puentes, despliega una identidad donde la historia marítima, la cultura y la modernidad conviven con naturalidad. Llegamos hasta allí para visitar a un hijo, físico de profesión, que trabaja y cursa un doctorado en el gran laboratorio de aceleradores de partículas DESY. A su lado recorrimos una ciudad fascinante, cargada de relatos y memorias, desde la cual —a fines del siglo XIX— mi bisabuelo Gustav Saenger se embarcó rumbo a Chile, buscando un nuevo comienzo al otro lado del océano.

Hamburgo nos recibió con toda su fuerza marítima: el río Elba, inmenso y gris, avanzando entre grúas, astilleros aún activos y barrios industriales reconvertidos en polos culturales. Caminamos por Speicherstadt, el antiguo complejo de bodegas de ladrillo rojo —Patrimonio de la Humanidad—, donde el agua corre al ras de los edificios y el pasado comercial de la ciudad se vuelve palpable. Desde allí, el salto a HafenCity es inmediato: arquitectura contemporánea, cafés junto al canal y la silueta inconfundible del edificio de la Filarmónica o Elbphilharmonie, cuya terraza ofrece una vista amplia del puerto y del ir y venir de los barcos. Además de contar con la escala mecánica más larga del mundo.






Es una ciudad donde el siglo XX dejó cicatrices profundas. Los bombardeos aliados, en el esfuerzo por poner fin a la Segunda Guerra Mundial, destruyeron más del 70 % de Hamburgo. La ciudad se rindió a las fuerzas británicas el 3 de mayo de 1945, pocos días después del suicidio de Adolf Hitler. Sin embargo, Hamburgo se reconstruyó con una energía notable y hoy es un puerto vibrante, cosmopolita y próspero. En el centro, la torre de San Miguel (St. Michaelis) se alza como un faro urbano: subir a su mirador es comprender la escala de la ciudad y su íntima relación con el agua.




Lo que no se puede dejar de visitar, también, es el edificio ChileHaus. Fue construido por el arquitecto Fritz Höger entre 1922 y 1924, por encargo del empresario británico-alemán Henry B. Sloman, quien hizo fortuna con el salitre de Chile, de ahí su nombre y su forma de proa de barco que evoca la industria marítima y la conexión con Chile.

Con cerca de dos millones de habitantes, Hamburgo ha sido refugio y hogar para miles de personas llegadas desde Asia y Latinoamérica, lo que se percibe en su diversidad cultural y gastronómica. Entre largas caminatas, nos perdimos por calles donde conviven cafés históricos con galerías contemporáneas. La influencia marítima suaviza el clima: los meses más cálidos son junio, julio y agosto, con temperaturas medias entre 20,1 y 23,5 °C; los más fríos, diciembre a febrero, oscilan entre −0,3 y 1 °C. Estuvimos allí en febrero y pasamos harto frío. Su aire húmedo y cambiante parece acompañar el carácter de la ciudad: firme y melancólica, pero siempre en movimiento.




Visitar Hamburgo fue, a la vez, un viaje íntimo y colectivo: caminar por sus muelles fue seguir las huellas de una partida familiar y constatar cómo una ciudad puede transformar la destrucción en impulso vital, sin perder la memoria del agua que la define.














Me motivo a ir. Tengo una sobrina que vive alli y me ha invitado. Felicitaciones!
Hamburgo es una ciudad llena de sorpresas y con una interesantísima historia, gracias por el relato y las buenísimas fotos!
Gracias. Si no me equivoco esta a en el Norte de Alemania y nunca llegue alla. Muy buena relacion de esa ciudad.
Vivi 7 años en Hamburgo como estudiante primero y luego acompañando a mi marido en su doctorado
Una ciudad fascinante y multifacética . Aún tenemos muy buenos amigos allí; una vez que se traspasa la mal llamada „ distancia nórdica“, son amigos leales para toda la vida
Hamburgo bien amerita un viaje !
Muy buen artículo
¡Fabulosas fotografías para acompañar un relato extraordinario!
La narrativa deja traslucir el vínculo emocional entre Hamburgo y el «turista»; tanto así que la cadencia de la historia reproduce en el lector la sensación del vaivén del agua.
¡Gracias!
Gracias por este rwlato tan ameno, descriptivo y que encanta al lector, sin duda será una proxma visita
Graciass
Qué entretenido. Me dieron ganas de seguir leyendo. Yo estuve hace 10 años y me trajo muchos recuerdos. Es como Nueva York. Preciosas las fotos.
Gran ciudad, buena música y el río que marca la vida.
Que recuerdos! La visite hace muchos años atras, mi hermano vivio alli y tuvo un negocio de
cobre en la «Chile Haus». Una ciudad unica!
Hay que visitar Hamburgo y en especial el edificio de la Chilehaus. Recién publiqué la novela HAMBURGO VALPARAÍSO, ENTRE PUERTOS, narrando, entre otras apasionantes aventuras, porque Henry Sloman le puso dicho nombre. Escriban a zejelchile@gmail.com y les cuento más. l
Me contaron que Hamburgo está a latitud norte como Punta Arenas está a latitud sur. Hay un hermoso lago, a cuyo cuatro costados están los mejores hoteles, bancos, lindos negocios y una cafetería que recomiendo. Por ser puerto y por haber pertenecido a la Liga Hanseática es una ciudad cosmopolita. Por la noche, la Repperbahn, el barrio rojo, donde cada tanto la orquesta pide que las mujeres saquen a bailar a los hombres; cada mesa tiene un número y un teléfono para comunicarse con otra mesa. En el centro los edificios no tenían más de ocho pisos de altura y en la periferia, barrios preciosos a la orilla del río Elba, no más de 4 o 5 pisos. Un restaurante a orillas del río tocaba el himno nacional e izaba la bandera del barco que iba pasando. En la época en que yo estuve allí era una ciudad «top».
Mi origen familiar conocido por el lado paterno es de allí, pero solo una vez estuve a sus puertas, pero el barco no pudo atracar por mal tiempo. No he vuelto a intentarlo pero el reportaje me ha vuelto a motivar. Muy bueno….y ahora tengo amigos y quizá hasta parientes.