TEXTO Y FOTOGRAFÌAS: Pedro Mattar Porcile
Nápoles no es sólo una antigua ciudad de Italia, es un territorio, un reino, una fantasía de mi niñez y mi ensueño. Mi madre me contaba Italia, simplemente como se cuenta un cuento y yo soñaba con esos paisajes que se encuentran en lo más profundo de la imaginación hasta que se hacen finalmente realidad. No obstante, históricamente Nápoles fue en realidad un reino de cierta importancia. No era una simple provincia de la costa del sur de Italia frente al mar Tirreno. Era una de las metrópolis más grandes y desarrolladas económica y culturalmente de Europa de mediados del siglo XIX, con una población e infraestructura urbana importante. Sucedió que en el año 1860 el General Giuseppe Garibaldi, padre de la patria italiana, lideró la «Expedición de los Mil», conquistando el reino de Nápoles y forzando su integración al proyecto unificador, liderado por el Reino de Piamonte y Cerdeña, para formar finalmente, Italia.







Nuestra pequeña crónica de un viaje se desarrolla precisamente en ese icónico lugar, donde desde cualquier parte se observa el majestuoso Vesubio, el volcán de la furia que fue capaz de sepultar ciudades completas y la vida en todas sus formas conocidas, en no más de dos días, en una de las erupciones más célebres de la historia. La memoria, existencia e historia greco romana, puede decirse que se sepultó por la ceniza, la lava, los gases ardientes, los flujos piroclásticos, las rocas, las piedras, los elementos sólidos y la niebla oscura, pero todo ello sólo guardó para nosotros esa magnífica cultura y carácter milenario, para reaparecer íntegra, con fuerza y en todo su esplendor, en los siglos XVIII y siguientes. Esos eventos trágicos de la antigüedad, aunque sembraron destrucción, nos traen a nuestro presente un precioso regalo, el del conocimiento y la posibilidad de observación en todas las dimensiones posibles y con precisión del impresionante desarrollo de la sociedad greco romana, fuente principal de la cultura occidental, lo que también es una de las razones que me convoca para escribir esta crónica de mi viaje, por ese mundo misterioso.

En esos lugares, mejor que en un libro, se observa cómo era la vida normal y corriente de todos los estamentos de la sociedad, su cultura, intereses cotidianos, costumbres, villas, casas, palacios, construcciones, vialidad, carreteras, calles, caminos, plazas, carteles, avisos, incluso de propaganda de esquina, lugares de comida al paso, baños públicos, sitios de esparcimiento, etc. etc. y todo aquello de hace casi 2.000 años. Pompeya y Herculano, antiguas ciudades hermanadas por la furia de la naturaleza, quedaron detenidas en el tiempo en el año 79 DC. Eran parte muy importante de mis sueños, pero la magia de la segunda ciudad me cautivaba particularmente de una manera significativa y misteriosa. He estado en Nápoles y en sus alrededores unas tres veces en mi vida y en dos oportunidades visité Pompeya, en circuitos muy completos. Siempre hice el más extenso y, en mi último y tercer viaje, finalmente visité Herculano. Era muy importante mantener el misterio de esa ciudad romana única que, como en una película panorámica en el gran cine del mundo, se ve incluso desde los balcones de los edificios actuales, relativamente modernos del entorno.





Les voy a contar esa experiencia, porque mucho se sabe de la magnífica Pompeya, pero poco se conoce de Herculano.
Era media mañana del 27 de agosto de 2023, cuando tomé un automóvil desde el Puerto de Nápoles dejando atrás el bullicio animado de esa magnifica ciudad, viajando con Marta mi señora y compañera del viaje, por una carretera hacia el sureste, en un trayecto corto de unos 14 kilómetros. Nos demoramos en hacer el camino menos de 30 minutos, viajando con toda tranquilidad y contemplando el entorno hacia la ciudad de Ercolano de unos 50 mil habitantes actuales que, por la densidad poblacional y las construcciones, es prácticamente un suburbio de Nápoles. Para los viajeros habituales en Nápoles y sus alrededores hay múltiples otras opciones de transporte, como los buses de superficie, taxis y trenes. El tren Circumvesuviana es buena elección, muy económica y eficiente. Se toma en la estación Napoli de la Piazza Garibaldi, con dirección a Sorrento, debiendo bajarse en la estación Ercolano Scavi y el trayecto es de unos 20 minutos. También es posible, desde marzo a noviembre, tomar el tren Campania Express, más turístico directo y cómodo, que utiliza la misma línea ferroviaria del otro tren, pero con menos paradas. El día estaba despejado y un sol esplendoroso nos dio la bienvenida a las 12.00 horas, cuando ingresábamos al recinto arqueológico de Ercolano, como también se llama. Precisamente, es el nombre actual en italiano de la ciudad en la que se encuentra el sitio arqueológico de Herculano. A lo lejos se alzaba la silueta tranquila y majestuosa del Monte Vesubio.




Nuestra primera sorpresa fue descubrir que las ruinas se encuentran por debajo del nivel de la ciudad moderna. Es como descender por una escalera invisible hacia el siglo I de la era cristiana. Arriba circulan trenes, automóviles, otros vehículos y peatones; abajo, en cambio, se extiende una ciudad romana, paralizada para siempre en el año 79 D.C. En el sitio existe una gran pasarela que circunda una grieta o enorme fosa, donde se observa abajo del nivel actual, la antigua ciudad, la que se encuentra aproximadamente a unos 25 ó 30 metros por debajo de la ciudad moderna de Ercolano, en la que sus edificios se levantan sobre el terreno volcánico superior. Desde esa pasarela que la circunda en el contorno se pueden ver en forma panorámica, los edificios y las calles de la ciudad antigua, hay incluso edificios de dos y tres pisos, columnas, plazas y patios y en lo profundo, en lo de más abajo, al fondo, se ven las arcadas de unos grandes espacios que eran los almacenes portuarios y específicamente, también el puerto, pero ahora, la ciudad dejó de estar a la orilla del mar, por cuanto la lava, el lodo y los otros materiales la alejaron de éste, en más de 500 metros.

Herculano era una ciudad veraniega romana a la orilla del mar. La erupción del Vesubio la sepultó bajo masivos flujos piroclásticos, lava volcánica y lodo. La arqueología afirma que sólo se ha descubierto entre un 25% a un 30% de la ciudad antigua y es imposible rescatar más, sin destruir la ciudad moderna. Las calles de piedra conservan aún el trazado de la antigua Herculano. A cada paso aparecen viviendas y comercios. Los muros muestran frescos cuyos colores han sobrevivido al tiempo, lo mismo ocurre con los preciosos mosaicos de los pisos, y la decoración mural evocativa de la historia y mitología. Algunos lugares y habitaciones parecen recién abandonados por los vecinos. La vida de la ciudad es conmovedora: cocinas, termas, jarrones, envases para líquidos, fuentes y pequeños detalles, revelan las costumbres de una sociedad desaparecida. Resulta inevitable pensar en las familias, las personas comunes y los niños que ignoraban que su mundo estaba a punto de terminar abruptamente. Entonces, la tragedia se torna profunda, emotiva y adquiere una dimensión más cercana.









Hay un pequeño museo de sitio en el lugar donde se exhiben una multiplicidad de objetos domésticos, esculturas, mosaicos, frescos, diferentes ánforas y vasijas, incluso gran parte de una embarcación de la época, recordándonos una vez más que esa ciudad era portuaria y que ahora, está lejos del mar. Uno de los momentos más impactantes del recorrido llega al observar antiguas estructuras cercanas al puerto, los cobertizos para las embarcaciones, donde fueron hallados los restos óseos de cientos de personas que intentaron escapar de la catástrofe y que aparentemente esperaban ser rescatadas, o intentaban huir por mar cuando fueron alcanzadas por las nubes ardientes de la erupción. Allí comprendimos que la historia no está hecha solo de guerras, sucesos bélicos, gobernantes, emperadores y fechas memorables, sino también de vidas comunes abruptamente interrumpidas.

Al finalizar la visita, la mirada vuelve una vez más hacia el Vesubio. Su presencia lo domina todo, con un áurea de belleza y discreta amenaza. Mientras el sol de la tarde ilumina las ruinas, surge una profunda reflexión: la naturaleza posee una fuerza inconmensurable, pero también existe otra capaz de desafiar al tiempo, que es la evocación y la memoria. Gracias a ella, Ercolano continúa contándonos su historia a quienes como nosotros recorrieron sus calles, recordando la fragilidad de la existencia humana y nuestra extraordinaria capacidad para preservar el pasado. Cuando dejamos el sitio arqueológico, nos quedó la sensación de haber realizado algo más que una visita o excursión. Fue un viaje a través de los siglos, una conversación silenciosa, llena de preguntas y respuestas con quienes vivieron, amaron y soñaron en una ciudad junto al mar y que un volcán sepultó, pero que la historia la retornó, la trajo hasta nuestros días para conocer como era la vida hace 2000 años atrás. Regresamos a Nápoles por la misma carretera, pasamos por la plaza principal, Piazza Cardinale Sisto Riario Sforza, conocida por albergar el monumental Obelisco de San Genaro y su centro histórico, plaza que se encuentra al lado de la Catedral de San Genaro, en honor al santo patrono de la ciudad, mártir del siglo IV y lugar en donde se guarda, en dos ampollas de vidrio, su sangre en estado sólido y que dicen se licúa en fechas especiales, tres veces cada año, cuando el sacerdote agita y mueve los relicarios. Otro gran misterio que descifrar del lugar.







Después de visitar la Iglesia había que recuperar fuerzas y conversar sobre todo lo que habíamos conocido, entonces nos fuimos a comer una rica pizza, donde se hace, por

lo menos a nosotros así nos pareció, la mejor pizza de Italia y probablemente del reino de Nápoles, la famosa pizzería Vesi, ubicada en pleno corazón del centro histórico, a media cuadra de la Iglesia de San Genaro, donde se guardan con fervor las reliquias del santo, porque es quien cuida a la ciudad y sus alrededores, mientras al fondo imponente como en un cuadro gigante, el monte Vesubio permanece observante y me parece que desde lejos nos saluda.












