MI CAMINO DE SANTIAGO | Por la ruta portuguesa

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: Marcela Frauenberg

 

Hacer el Camino de Santiago era uno de esos proyectos que llevaba años rondándome la cabeza. Siempre encontraba una excusa para dejarlo para más adelante: el trabajo, las obligaciones, la falta de tiempo… Hasta que un día me di cuenta de que ese «algún día» había llegado. Ya no tenía compromisos que me lo impidieran y decidí que había llegado el momento de convertir aquel sueño en realidad. Desde el principio tuve claro que quería caminar junto al mar. El océano siempre me ha transmitido paz y sabía que quería que me acompañara durante buena parte del recorrido. Por eso elegí el «Camino Portugués por la Costa», aunque pronto descubrí que existían muchas variantes. Leí guías, estudié mapas, comparé itinerarios y terminé diseñando un camino a mi medida.

 

 

Mi ruta comenzó en la costa portuguesa, desde Labruge, continuó hasta Baiona, donde abandoné la costa para incorporarme al Camino Portugués Central y, más adelante, me desvié por la «Variante Espiritual», una de las partes más bonitas y especiales del recorrido. Durante semanas también me preparé físicamente. Empecé a caminar con frecuencia, aumentando poco a poco las distancias para acostumbrar las piernas. Planifiqué cada etapa procurando que ninguna superara los 24 kilómetros.

 

 

Mirándolo ahora, creo que fue una de las mejores decisiones que tomé. Me permitió disfrutar del Camino sin convertir cada jornada en una lucha contra el cansancio. También intenté prever cualquier contratiempo. Compré buenos calcetines, parches para las ampollas, cremas, todo tipo de productos para cuidar los pies y reservé con antelación todos los hoteles. Además contraté un servicio que transportaba mi equipaje entre etapas, de modo que solo caminaba con una pequeña mochila. Mi intención no era demostrar nada a nadie; quería disfrutar del Camino.

 

 

Llegué a Oporto un día antes del inicio y me alojé en Matosinhos. A la mañana siguiente un taxi me llevó hasta Labruge, donde realmente comenzó la aventura. Desde el primer paso sentí que había tomado la decisión correcta. El Camino Portugués por la Costa es precioso. Gran parte del recorrido discurre sobre pasarelas de madera paralelas al Atlántico. Caminar escuchando únicamente el sonido de las olas, con el olor del mar y la brisa acompañándome durante kilómetros, fue exactamente lo que había imaginado cuando empecé a planificar el viaje. No todo resultó fácil. Hubo jornadas largas y días de mucho calor en los que cada kilómetro parecía un pequeño desafío. Pero nunca tuve la sensación de estar sufriendo. Simplemente caminaba a mi ritmo, haciendo las pausas que necesitaba y disfrutando de cada paisaje. Una de las cosas que más me sorprendió fue la sensación de seguridad. Caminé muchas horas completamente sola y nunca sentí miedo. De vez en cuando aparecía algún peregrino caminando en sentido contrario o adelantándome, y siempre intercambiábamos el mismo saludo:

¡Buen Camino!

Puede parecer una frase sencilla, pero tiene algo especial. Cada vez que alguien la pronunciaba sentía que formaba parte de una comunidad de personas que, aunque no se conocieran, compartían un mismo objetivo.

 

 

 

A medida que me acercaba a Santiago cada vez había más peregrinos. Ya no solo compartíamos senderos, sino también conversaciones, comidas y pequeños momentos que solo entienden quienes están haciendo el Camino. Hablábamos de los pies, de las ampollas, del calor, de los lugares de donde veníamos y, muchas veces, de la vida. La Variante Espiritual fue uno de los momentos culminantes del viaje. Caminar hasta el monasterio de Armenteira, atravesar bosques y posteriormente recorrer la ría en barco siguiendo la Traslatio del Apóstol, añadió un componente histórico y espiritual que hizo el recorrido todavía más especial. Las etapas fueron sucediéndose casi sin darme cuenta: Labruge – Vila do Conde – Apúlia – Esposende – Viana do Castelo – Vila Praia de Âncora – A Guarda – Oia – Baiona – O Porriño – Redondela – Pontevedra – Combarro – Armenteira – Vilanova de Arousa – Padrón – O Milladoiro – Santiago de Compostela. El último día salí con muchas ganas de llegar, aunque sin ninguna prisa. Curiosamente fue una de las etapas más tranquilas. Caminé gran parte del recorrido escuchando cantos gregorianos, como una forma de despedirme del Camino.

Y entonces apareció Santiago.

 

 

Es difícil explicar lo que se siente al entrar por primera vez en la plaza del Obradoiro y ver la catedral delante de uno. Tuve la suerte de que no hubiera demasiada gente y pude sentarme unos minutos simplemente a contemplarla. No hacía falta decir nada. Había llegado. Después recogí mi Compostela y descubrí que, gracias también al recorrido en barco por la ría y el río Ulla, había completado 256 kilómetros. La jornada todavía me regaló momentos inolvidables. Asistí a la misa del peregrino desde un lugar privilegiado, muy cerca del altar, y ese día el enorme Botafumeiro cruzó la nave central de la catedral. Fue uno de esos instantes que difícilmente olvidaré. Cuando pensaba que todo había terminado, el Camino aún me reservaba una última sorpresa. Mientras tomaba algo, me reencontré con los dos hermanos ingleses con quienes había compartido el barco días antes. Pasamos casi tres horas conversando sobre viajes, pérdidas, proyectos y sobre cómo la vida cambia con los años. Uno era profundamente espiritual y el otro muy pragmático; precisamente esa diferencia hizo que la conversación fuera todavía más enriquecedora.

 

 

Al regresar al hotel comprendí que el verdadero final del Camino no era haber llegado a Santiago. Lo importante había sido todo lo vivido durante esos días. El Camino me enseñó que no importa caminar rápido, sino caminar disfrutando. Que pedir ayuda no resta mérito. Que viajar sola no significa sentirse sola. Y que la ilusión no tiene edad. Durante mucho tiempo el Camino de Santiago fue un proyecto pendiente. Hoy puedo decir que fue una de las experiencias más bonitas que he vivido. Me demostró que todavía soy capaz de plantearme nuevos retos, de salir de mi zona de confort y de descubrir que, a veces, los mejores viajes no son los que nos llevan a un lugar, sino los que nos cambian un poco por dentro.

 

 

NOTA DE LA REDACCIÓN – Aquí el blog de su hija Natalia, donde está el viaje detallado:  https://piti-and-natis-travels.ghost.io/  

 

Habilidades

Publicado el

4 agosto, 2026

15 Comentarios

  1. Andres Ruiz Tagle GH

    Muchas gracias ,extraordinario

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    • M.Cecilia Massuh

      Muchas gracias por ese interesante relato.Me hizo soñar y sentir la espiritualidad del Camino

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    • marcela frauenberg

      si fue una experiencia extraordinaria

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  2. María de la Luz Cárdenas Cerda

    Excelente el artículo de Marcela Frauenberg sobre el Camino De Santiago: Muchas Gracias !!

    Hacer ese camino ha sido un proyecto mio desde hace muchos años, pero nunca se han dado las circunstancias de poder realizarlo, y ahora ya es muy tarde.

    Por lo que agradecí mucho a Marcela el haber compartido sus vivencias coin los lectores de Bendito Planeta, aunque yo lo habría hecho por el interior desde el lado francés.

    Gracias nuevamente por un Super Artículo.

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    • marcela

      siempre se puede hacer me cruce con una sra. francesa de 81 años. hay que planificar mas tiempo y hacer trechos cortos. Todo es posible

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  3. Veronica Acevedo

    Maravilloso!!

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  4. MTI

    Una enseñanza: ¡es posible! Gracias

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  5. Anamaría Sir

    Que lindo y profundo testimonio Marcela, te felicito por tu determinación y perseverancia, se nota que realmente disfrutaste cada momento. Me pareció un viaje inspirador y admiro que lo hayas podido concretar! Las fotos muy buenas!

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  6. Paola Scagliotti

    Leí tu relato Marcela con el corazón abierto y toda mi atención en tus palabras , es el camino de la vida , se puede tomar rutas diferentes pero todas conducen a Santiago , a veces nos perdemos , nos encontramos con la naturaleza y con obras realizadas por el hombre , tal cual es la vida , finita .
    Mas importante que la meta , es el paso a paso y el día a día que va madurando en nuestro interior y enseñando hasta el final del camino , un proceso ganado .Con el corazón contento porque valió la pena vivirlo !!
    Muchas gracias Marcela , muchas gracias Bendito Planeta !

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    • marcela

      asi es son posibilidades que nos regala la vida por lo cual estoy my agradecida

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  7. G. Delfierro

    Mil gracias por tu relato. Santiago de Compostela es una ciudad interesante por la vida estudiantil y llama la atencion las farandulas que arman.

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  8. Maria de la Luz Galleguillos Ackerknecht

    Siempre he querido hacer ese viaje… y sola. A mí ritmo. Me gustó tu opción. Pero me preocupa que todos hablan de las heridas en los pies. ¿Se disfruta igual? ¿Será para mayores de 60 sin hábitos de caminatas?

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    • Marcela Frauenberg

      Hola Mariluz mis respuestas yo no tuve ni una sola ampolla , un ojo de gallo que me lo sacaron y segui caminando feliz! El camino lo planificas tu, haces tus etapas de acuerdo a tu capacidad, creo que mi vision para planificar , fue quiero disfrutar el camino, no tengo que demostrarle nada a nadie ni probar nad, y asi fue que sin darme cuenta hice 260 km sin ningun poblema. Lo hice sola y nunca senti ni miedo ni temor a que me pasara algo. Y la verdad es que tampoco tuve ningun remordimiento para tomarme un Taxi cuando ya no daba mas. Vale la pena entrenar un poco y empezar con etapas cortas, el resto te lo va dando el camino. A cualquiera que mas le interese el cuidado de los pies y lo que lleve de cremas e escribe directo, tambien datos sobre transporte de Mochilas, tips para alojamientos etc. Yo lo recomiendo 100%

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  9. Aurora Loiselle

    Marcela, mil gracias por tu relato tan bien integrado desde diversos angulos, percepciones y anticipaciones, lo cual lo hace aun mas inspirante. Claro que me llego ya algo tarde en mi vida. Tu relato me hace sonar aun mas, pero con desilucion por no atreverme a mis 82 anos. Como otra amiga, no me siento 82 sino tipo 65!!, pero cuido a mi esposo. Tu relato tan detallado en lo geografico y en lo personal me hace casi viajar virtualmente, sobretodo, como nacida en Chile y viviendo en Canada lejos del mar, uno echa de menos el sonido de las olas y olor a mar, exactamente como lo describes cuando caminaste. Abrazo con mucho agradecimiento.

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  10. Lucy Mery

    Hola Marcela , quisiera comentarte que relato sobre » tu» Camino de Santiago ,lo encontré espontáneo , entretenido e informativo , a tal punto que me hizo reconectar con el deseo de concretar ése proyecto que hace años tuve y que debido a circunstancias y cosillas que la vida me fue presentando , postergué . …Parece tendré que sacarlo del baúl pronto pues que las ganas de ir no han disminuído en absoluto ,están ahí y más ahora al leerte y como lo haces notar en tus escritos, nunca es tarde ,especialmente mientras la salud nos acopañe . Gracias por compartir tu experiencia y datos .
    También gracias a Carmen por facilitar este espacio

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