EL FLECHA ROJA | Que revolucionó la movilidad en Italia

 

NOTA DE LA REDACCIÓN – Prolífica periodista de la UC, Verónica López Helfmann dejó impresa su huella profesional donde le tocó vivir: Santiago, Colombia, Washington D.C., Boston, todos destinos donde fue fundadora de numerosas revistas, tales como Contigo, Cosas, Semana (Colombia), MasterClub, Noticias del Hogar de Cristo, MasterClub, Caras y Sábado de El Mercurio. Entre sus distinciones, fue reconocida con la beca Nieman Fellow en la Universidad de Harvard (1996), fue agregada cultural de la Embajada de Chile en Estados Unidos (2002), y Presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Periodistas en nuestro país hasta el 2023. Aquí nos comparte su reciente viaje a Italia, donde ella especifica: «Menos Roma»…

 

TEXTO:  Verónica López Helfmann – FOTOGRAFíAS: Verónica López y agencias

 

 

 

Éramos tres viajando de Roma a Cortona, toda una experiencia nueva para mí. Nos reunimos una amiga de Mallorca y otra de Niza para vivir estos días especiales. La línea ferroviaria se llamaba TrenItalia y el tren que nos llevaba, Torontola. Pero, poco tiempo después, empezó a aparecer la campiña italiana. Era de no creer: todo verde, montes abordables con castillos viejos, iglesias por doquier, palacios olvidados, cielos azul celeste…

 

 

Ya más próximos a Cortona, con esa vista increíble que lo abarca todo, donde lo más más lejos parece próximo, divisé a lo lejos un tren rojo, todo rojo, locomotora, coches… Por supuesto que se lo adjudiqué al famoso jet lag y a la ansiedad de la aventura nueva. Lo increíble es que el tren se me volvía a aparecer por distintos lados de la campiña, a la derecha, a la izquierda, a veces adelante, pero muy lejos, inalcanzable. ¿Tenía o no tenía un humo, una especie de fumarola que le salía de la locomotora?

 

 

Esa Toscana de campos verdes, cubiertos por interminables potreros de pastos y por miles de olivos y cipreses, nos dio una bienvenida que nos produjo una mezcla de emoción y aventura. La subida hacia el pueblo, las catedrales, las mesitas llenas de gente pidiendo capuchinos, se convirtieron en paseo permanente. Tocó el día de Santa Margarita, patrona del lugar, y las campanas no dejaron de doblar durante todo el día.

 

 

Mi viaje continuaría indestructible por esa campiña durante días. San Gimigniano, Montepulciano, el convento y catedral de San Francisco… Cortona “en el bolsillo”, hasta que el nuevo destino, Florencia, llamaba.

 

 

Cinco millones de turistas revoloteaban por todos lados. Dice el municipio florentino que habrá que cobrar peaje para entrar a la ciudad, como hicieron con Venecia. Con suerte logramos una foto en medio de la muchedumbre en el significativo y emocionante Ponte Vecchio. Y entonces, Milán. Fue entonces cuando vi al Flecha Roja. Estaba en la estación ¿me esperaba? Es una línea de ferrocarril entre las grandes ciudades que recorre Italia entera a la más alta velocidad. Por eso cuando uno la divisa de lejos no piensa que es real.

 

 

El Flecha Roja se convirtió en mi compañero para siempre. No permiten abrir las ventanas pues ese tren no corre, vuela, y entonces nunca pude saber si la locomotora despedía la clásica fumarola.  Milán, las agujas del Duomo (fui seis veces a caminarlo por todos sus magníficos costados, hasta lograr conocerlo por dentro). Nada lo supera. Aunque “La Última Cena”, de Da Vinci, en Santa María Delle Grazie, llega a dar temor por su significado. Pero la verdadera sensación de nervios a flor de piel fue en La Scala, viendo a “Nabuco”, la ópera de Verdi. Todavía me sucede algo cuando la busco en internet y que quedo escuchándola como “poseída”.

 

 

Luego, Verona y Turín. Ahí seguí, al pie de la letra, la típica lista de recomendaciones. La Arena de Verona, el balcón de Julieta… Y luego en Turín, el paseo por el río Po, el Palazzo Reale, el Museo Egipcio y el Museo del Cine. Este útimo, gran sorpresa… hay que verlo y volver con el libro. Todo el cine, todo lo que le gusta a uno…

 

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Publicado el

2 julio, 2026

6 Comentarios

  1. Noelia Miranda

    Que bello relato y tan original con el tren como guía y lo verde por doquier tan distinto de las ruinas de otros parajes italianos y tan renacentista con Florencia como centro. Me transporto y me imaginé una vez más el Duomo de Milán y la Última Cena que por varios años he escuchado de personas que no han podido verla por reparaciones de la bella y famosa pintura.Gracias querida Veronica.

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    • Jucaferla@gmail.com

      Saludos Noelia , que alegría me da saber de tí después de tantos años. Mis casriñosos saludos
      Juan Carlos Fernandez Lazo

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  2. Carmen Schmitt

    De: Patta Alrringo
    Fecha: 12 de julio de 2026 a las 11:26:57 a.m. CLT

    Gracias querida Carmen! Me lo leí completo, que entretenido y hermoso viaje de la Vero! Amé las lindas postales!

    Gracias por hacernos disfrutar de bendito planeta! 😘
    Un abrazo
    Patta

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  3. Ana Noé

    Debido a mi edad ya no viajo, pero disfruto viajando con los artículos suyos y se los agradezco.

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  4. Juan Pablo Donoso gumucio

    Hola Carmencita. Muchas gracias por este novedoso, abundante y conciso reportaje de Verónica sobre el recorrido de Freccia Rossa. Ella ha sido una brillante periodista. Lejana ya de los años en que – siendo colegiala – participó en una de nuestras comedias musicales en Los Moreau.

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  5. Carmen Schmitt

    De: Maria Eugenia Aviles Amigo
    Fecha: 12 de julio de 2026 a las 7:21:00 p.m. CLT

    Maravillosas experiencias.
    Gracias

    María Eugenia Avilés Amigo

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