Al aumentar la tensión entre Argentina y Gran Bretaña por la explotación de petróleo en islas Malvinas, volvió a mis recuerdos el viaje que un grupo de periodistas latinoamericanos realizamos el 20 de noviembre del 2019, invitados al vuelo inaugural del Boeing 767-300 de LATAM que abría la ruta Sao Paulo/Mount Pleasent con escala en Córdoba y que, a partir de entonces, pasaba a formar parte de un aniversario histórico nacional. Para los 3.500 habitantes de este archipiélago de 77 islas, ubicadas a 500 kilómetros de la costa argentina en la soledad del Atlántico Sur, LATAM los llenaba de esperanzas para conectarse con el resto del mundo. Hasta el momento, solo se contaba con un Airbus semanal proveniente de Punta Arenas que, por la alta demanda, regresaba por lo general a capacidad completa.

 

 

De ese tiempo guardo una fotografía que cada vez que la miro me produce una emoción especial. Estamos 5 periodistas sonriendo frente a unas casas de madera, bajo un cielo extraordinariamente azul, donde atrás nuestro flamean las banderas de las islas. Pero, en esa fotografía había una persona que no estaba haciendo simplemente turismo. A mi lado Cristian Sirouyan, mi colega argentino con parka roja, había combatido 37 años antes -durante 3 semanas y media- como conscripto en el conflicto que su país sostuvo contra Inglaterra en 1982. Y ahora él regresaba a las islas, intentando reconstruir los lugares donde había estado, caminando desde la comisaría hasta el lugar donde estaba instalada la base militar.

 

 

Para Cristián la guerra marcó su vida, y a mí esta convivencia me permitió comprender más aún la importancia del archipiélago, habiendo compartido junto a alguien que había vivido la guerra desde dentro. En 1982, durante el comienzo de la guerra y en pleno conflicto, cuando empezaron a volar los aviones ingleses con los primeros ataques, Cristián tuvo la suerte que el puente aéreo con el continente todavía no se había cortado, por lo que pudo regresar a su querido Comodoro Rivadavia y no estar entre los 649 soldados argentinos que murieron durante la guerra que tuvo lugar entre el 2 de abril y el 14 de junio de ese año.

 

 

Hoy en día, Malvinas crece por razones que van bastante más allá de la memoria de la guerra de 1982. La gran novedad de este 2026 es que aparece el petróleo como un factor potencialmente enorme. El proyecto Sea Lion, al norte de las islas, podría contener unos 1.700 millones de barriles de petróleo, estimándose que la producción pudiese comenzar en 2028, una explotación ilegítima -a juicio argentino- porque se realiza sobre recursos de un territorio cuya soberanía reclama. El mandato de Naciones Unidas en esta disputa es concreto: Argentina y el Reino Unido deben reanudar negociaciones para alcanzar una solución pacífica y definitiva. Es decir, Naciones Unidas no ha decidido que las islas sean argentinas, pero tampoco considera que el asunto esté cerrado a favor británico. Su posición oficial es que hay una controversia de soberanía pendiente que debe resolverse mediante negociación entre los dos países.

 

 

Y mientras el mundo observa esta soberanía pendiente, su población local aprecia vivir en uno de los lugares más remotos, virgen y menos hacinados del mundo, hogar de una abundante fauna salvaje, que se compara al archipiélago con las Galápagos por su biodiversidad única y el gran número de especies endémicas. Gran parte de la fauna salvaje es accesible, incluyendo pingüinos. Con 1.300 km de costa, su territorio es un destino fascinante para veleristas, con aguas turquesa y playas de arena blanca finísima. Se dice que por bote no hay manera mejor que conocer las islas. Oportunidad sin igual para observar albatros, cinco diferentes especies de pingüinos y leones marinos, además del elefante marino solo a pasos de atracar.

 

 

Aunque fuese para reparar sus barcos, exploradores y viajeros de todo el mundo han visitado estas islas. Desgraciadamente no todos se salvaron. Se sabe que más de 120 embarcaciones se han perdido alrededor de sus costas. En definitiva, Malvinas es un destino que aún permanece doliendo. Y es que quizás sus islas no sean solo un territorio que Argentina reclama y que el Reino Unido administra, sino un lugar donde la historia todavía camina entre nosotros.