El Arco, o Land ´s End, uno de los enclaves naturales más hermosos de México, y donde el océano Pacífico hace contacto con el Mar de Cortés.

Por mucho que lo hubiese imaginado -luego de manejar esos 33 kms a Cabo San Lucas, procedente del entretenido y tranquilo San José del Cabo- mi llegada no pudo ser más diferente. Entrando a la ciudad, y a plena luz del día, había bares funcionando a ambos lados de la calle principal con espacios para bailar y música en vivo de bandas locales, lo que de inmediato me hizo comprender que este destino es para disfrutar su enorme belleza natural y para planes de fiesta hasta la madrugada. Ciertamente, un tiempo presente que evoluciona desde que fue su historia previa: hasta el siglo pasado, un pequeño pueblo de pescadores. Con la construcción de la Carretera Transpeninsular en los años ´70, que conectó la Península de Baja California de norte a sur, comenzó la gran transformación. Durante los siguientes 20 años, el gobierno mexicano e inversionistas privados desarrollarían, primero, un destino turístico de alto nivel, centrando en el corredor de ambas ciudades de Baja California Sur como uno de los complejos turísticos más exclusivos de América Latina. Y segundo, convertiría a Cabo San Lucas en un atractivo mundial que hoy recibe a millones de visitantes, en especial de Estados Unidos y Canadá, y que cuenta con una selección de los hoteles y residencias privadas más importantes de México.





La Marina, el corazón económico, turístico y recreativo de Cabo San Lucas -que concentra desde pequeños barcos de pesca deportiva hasta lujosos yates privados- fue el primer lugar que planifique visitar. Es un complejo. No es tan solo una Marina con docks o muelles para estas embarcaciones. Es también un complejo residencial con departamentos, mall y restaurantes que se desarrollan en torno a la Marina y sus embarcaciones. Con sol fuerte y día claro, decidí embarcarme a navegar hasta el famoso Arco de la Roca para ver, en toda su magnitud, un escenario que no conocía: uno de los lugares naturales de México que forma parte de la Imagen País en el extranjero, punto de partida para observación profesional y turística de ballenas, actividades de buceo, snorkel y pesca deportiva de profundidad.



Nacho, un argentino que vive hace ya 4 años en Cabo San Lucas, fue el guía que nos recibió a los 11 navegantes que abordamos la embarcación de piso absolutamente transparente, que nos permitía observar a través del agua a cientos peces de diferentes tamaños y colores, interactuando entre ellos y sin distraerse con nuestra presencia. Navegamos la parte sur del continente hasta que se fragmenta en pequeñas rocas, que finalmente son las puntas que se observan de montañas submarinas que desean respirar sobre el mar.





Navegando hacia y desde el Arco, recorrimos muchas playas que tenían sus propias historias. Como la Playa del Amor, de aguas más tranquilas en el Mar de Cortes, y la Playa del Divorcio, en su lado opuesto a la del Amor, expuesta al fuerte oleaje del Pacífico, célebres por sus paisajes y excursiones en lancha. En definitiva, se trata de playas pequeñas y hermosas, a las cuales solo se puede acceder navegando o literalmente nadando en una competencia de Iron Man… De regreso, y ya en tierra, terminamos de recorrer la Marina y partimos en dirección a otra playa, de nombre Médano: una playa larga de arena polvo amarilla, con buen movimiento de olas y muchas opciones de restaurantes que se acercan hasta la arena. Nos instalamos a almorzar en el restaurante «Corazón», para luego partir a caminar por la arena, observando a distintos grupos divertirse en concursos abiertos en plena playa, donde hasta los vendedores locales bajaban sus canastos y observaban ávidos, intentando también participar.


Por el mismo Corredor que manejamos para llegar a Cabo San Lucas, iniciamos nuestro regreso a San José del Cabo, apreciando tanta belleza que aparecía junto al mar, como hoteles monumentales en medio de un desierto lleno de cactus gigantes, montañas áridas, acantilados, playas abiertas y el intenso azul del mar de Cortés. A mitad de camino, optamos por hacer un alto y giramos hacia la derecha, ingresando hacia el mar por una huella rústica que no me permitía imaginar hacia dónde nos llevaba, pero que nos conducía al llamado Cabo del Sol. Fue todo un descubrimiento. Para sorpresa nuestra, nos encontramos con el llamado Ánima Village (o Anima Mall), un nuevo espacio (aún no finalizado totalmente) que representa otra etapa en la evolución de Los Cabos: un modernísimo centro internacional de estilo de vida, compras, gastronomía y cultura. Puesto en marcha recién a fines de 2025, Ánima Village abrió su primera fase con marcas internacionales de primera línea, restaurantes, espacios culturales y áreas de encuentro al aire libre, que me pareció de otra galaxia. Tal vez lo más sorprendente de Ánima Village es que está construido en un lugar, donde hay una población que le facilita tener vida comercial. Sin embargo, esa población que vive a su alrededor no se ve, sino hasta que aparecen para interactuar con este mall abierto que permite, entre entradas y salidas de sus tiendas, observar el sol y las estrellas. Es un efecto muy curioso. Pareciera que Ánima Village solo está esperando que el espacio residencial -que se beneficiará con su presencia- se desarrolle. Pero, el espacio residencial ya está presente, escondido en la geografía misma del lugar, como jugando a Las Escondidas en el desierto, entre sus playas y la carretera.





Los Cabos es una verdadera caja de gratas sorpresas. Recomiendo mucho arrendar auto en el Aeropuerto Internacional y salir a conocer e interactuar con Los Cabos. Muchas aventuras estarán a la vista y muchas más -como expresé anteriormente, casi jugando a Las Escondidas- en que encontrarlas es sorprendente. Así sucede con las playas, hoteles, restaurantes, música, arte, experiencias Farm-to-table, excursiones en las cuales existen hasta de camellos, según sea el programa de actividad a desarrollar. Pero, sin sentir que uno está visitando una ciudad. Se trata de pueblos de pescadores que se desarrollaron como consecuencia de millonarias inversiones en pueblos más grandes con servicios sumamente atractivos de ciudades exclusivas, sin transformarse en ciudades.


Todo demasiado hermoso. ¡Cómo no querer regresar a Los Cabos una vez más! COPA Airlines lo posibilita, haciendo desde Santiago escala en Panamá y utilizando su programa Stop Over que permite quedarse en la capital panameña entre 1 y 15 días sin pagar costo adicional en su tarifa aérea, para luego proceder a cualquier otro destino, entre los 86 a los que COPA llega en todo América.
Ciertamente, una fantástica recomendación. Un fantástico destino.












Qué tentador!… sobre todo en este Santiago seco y brumoso suena como un paraíso la enumeración de playas de aguas turquesas y brisa refrescante!
Excelente lugar, para mi, bastante poco conocido. Muy buena descripción.
Gracias Carmen por este articulo, estamos justamente pensando en ir a Los Cabos este año!!!!