Por su tradición, hospitalidad y sofisticación fue una ciudad mexicana que me enamoró.

 

Desde Santiago de Chile salí a descubrir Los Cabos. Mi ruta con Copa Airlines fue un vuelo de 6 horas, haciendo Stop Over en Ciudad de Panamá, Hub de las Américas de esta aerolínea, y luego desde Panamá al Aeropuerto Internacional de San José del Cabo en un vuelo que duró 5 horas. Tan solo al llegar identifico que este destino de la península mexicana de Baja California Sur -ubicada entre el Océano Pacífico y el Mar Cortés- es especialmente atractivo para los norteamericanos, en que convergen grupos familiares, amigos, parejas, que imagino vienen con las mismas ansias que yo de descubrir lo que este lugar puede ofrecer. Y al salir del aeropuerto, percibo a gente con una energía vibrante, entusiasmada, entre barras de bares para cualquier viajero que  inicia sus vacaciones, brindando a lo mexicano con un buen tequila.

 

 

Me impregné de esa energía, y ya yo ansiaba llegar al hotel, el Hilton Cabo Azul que seleccionamos para este viaje. Arrendamos auto y emprendimos un recorrido de 17 kms para llegar a la costa. Durante ese trayecto, apreciábamos una parte rural a ambos lados de la autopista, donde las calles secundarias de tierra eran muy polvorientas. En este recorrido, a medida que nos aproximábamos a la costa, la infraestructura iba también cambiando para llegar a un sector con todo pavimentado y hoteles ubicados frente al Mar de Cortés con diseño y arquitectura imponentes.

 

 

Ya teníamos claro el plan para la noche: asistir al Art Walk, actividad principal de los días jueves. Su epicentro era Plaza Mijares,  donde artistas locales exhiben sus obras. Caminamos por las calles adoquinadas del Gallery District que para el evento se transforman en peatonales. Visitamos tiendas, galerías, nos deleitamos con una paleta de fruta natural de la Michoacana, y disfrutamos el despliegue de bailes típicos, acompañados por un artista cantando en vivo. Un destino que nació alrededor de una misión jesuita, fundada en 1730, y que todavía conserva un ambiente apreciado por quienes buscan cultura, tranquilidad y arte.

 

 

Deseando continuar con la experiencia mexicana, desayunamos chilaquiles, tacos, enfrijolada, queso fundido y jugos de naranja recién exprimidos, en el restaurante “La Mexicana”, convenientemente ubicado al cruzar la calle de nuestro hotel. Y para la noche, esta plaza de Los Pescadores se convirtió en el venue para el International Jazz Festival Weekend, que en su 12ª versión culmina su primera noche con la actuación Chuchito Valdés, nieto de Bebo Valdés e hijo de Chucho Valdés, quienes conforman una dinastía musical. Con su estilo de jazz afrocubano, Chuchito hace gala de su talento pianístico y desbordante energía que cautivó su publico que lo aplaudió de pie, conmigo incluída.

 

 

Otra experiencia local que nos sería irresistible y nos encantó fue Flora Farms, que con su propuesta gastronómica farm-to-table (“del campo a la mesa”) ya recibió menciones Michelin. Enclavado en un oasis en medio del desierto se transformaría en una experiencia completa de turismo gastronómico: probablemente el proyecto más influyente de San José del Cabo en las últimas dos décadas. Su corazón: el Flora’s Field Kitchen, un restaurante al aire libre rodeado de huertos, árboles frutales, luces colgantes y jardines. Proyecto pionero del movimiento ecológico y gourmet en la región, al que se llega por un camino de tierra rústico, y que de pronto da paso a este enorme vergel de ambiente relajado con música en vivo. Probé el Gazpacho Heirloom, que estaba entre las especiales del día (preparado con tomates de la granja servidos fríos, con. pepino y melón, terminados con relish de gazpacho y aceite de oliva), el Farm Toast de queso ricotta y miel habanera, ensalada de Betabel con naranja, queso de cabra cremoso, aderezo cítrio, semillas de calabaza tostadas y albahaca. De plato fuerte “Róbalo a la leña”, cabrilla cocinada lentamente, coliflor, alcaparras, limón y aiolo de hierbas. Para eso, se necesitaba algo líquido y mi elección fue entre los Farms Cocktails, específicamente el Wild Hibiscus Margarrita (hibiscus syrup, lime, cointreau y arette blanco tequila.

 

 

Dicen que cuando uno viaja y va a un supermercado local, uno se siente del lugar. Para eso, fuimos a más que un supermercado tradicional. Fuimos a City Market Los Cabos. Se inauguró hace 6 meses y comprende dos niveles. El primero, alimentos. Y en el segundo los vinos, licores, fiambrería y quesería de productos importados, además de panadería, repostería y heladería, estos últimos tres de fabricación propia. Para llegar a comer, tienen el restaurante Grissini y dos estaciones con barra: Pintxos y Bar do Mar. Yo me instalé en este último, gozando un clam chowder y luego unos camarones al ajillo con chile mexicano. De postre, entre todos los sabores tentadores, me decidí por el helado de mascarpone con frutos rojos. Este supermercado ultra premium pertenece al grupo La Comer, que opera cuatro cadenas de supermercados: City Market, La Comer, Fresko y Sumesa.

 

 

Pero, no podemos olvidar a los protagonistas principales de esta historia: el desierto y las montañas que se funden en el mar. Rodeados de una belleza árida, con flora endémica como sus cactus y árboles torote blanco, llegan a parecer esculturas, adaptadas para sobrevivir a la sequía. Así mismo, no solo gozamos de las piscinas dentro del hotel, sino de su océano abierto con olas rompientes.

 

 

Frente al Hilton Vacation Club Cabo Azul Los Cabos, el mar es visualmente espectacular. El color del agua suele ser azul turquesa, con playas largas y arena clara. Dado que allí confluyen corrientes del Pacífico y del Mar de Cortés, generando un fuerte oleaje, muchas playas de la zona hotelera no son consideradas ideales para nadar, aunque sí perfectas para caminar kilómetros por la arena, contemplar amaneceres, surfear y observar ballenas en invierno. El sonido del oleaje es constante y poderoso y sus aguas son tan distintas a las calmadas del Caribe.