Por un programa de intercambio estudiantil, otorgado por la National Catholic Welfare Conference en Santiago, yo viví un año en Estados Unidos. Entre el centenar de adolescentes que arribamos a Washingtonn D.C., tres de nosotros, que nos convertimos en queridos amigos, fuimos destinados a Portland, Oregon. En la fotografía, a extremo izquierdo, está Patricio Vives, quien hoy es un premiado médico pediatra en Boston, Massachussets. Al centro Julie Pérez, panameña orgullosa de ser originaria de Colón, de quien nunca más supe. Eran tiempos en que no existía internet, la correspondencia se interrumpió y el nombre de Colón, la segunda ciudad más poblada del Caribe centroamericano (de la que a los 16 años me hablaba Julie), siempre me quedó en la mente. Hasta este verano…

“Es interesante conocer Colón”, nos aconsejaron en esta Navidad algunos amigos que recién habían estado allá. Así es que, sin pensarlo dos veces, enfilamos por una carretera asfaltada impecable, rodeada de selva tropical, los 80 kms que nos separaban de esta ciudad, que es constante parada de cruceros y centro logístico de relevancia. Allí está la Zona Libre de Colón, la segunda zona franca más grande del planeta. Fundada en 1850 como terminal del ferrocarril trans-ístmico y luego del Canal de Panamá, el lugar atrajo trabajadores del Caribe, especialmente afroantillanos. En el siglo XX fue una de las ciudades más elegantes y prósperas de la costa atlántica. Una época que, con el paso del tiempo, muchas de esas construcciones quedaron abandonadas. A pesar que Colón mueve en la actualidad millones de millones de dólares en comercio, gran parte del dinero va a multinacionales, con poca inversión en infraestructura social. De aquí que a nivel turístico, por lo general se recomienda tomar Ciudad de Panamá como base y visitar Colón por el día con un guía o un tour organizado.


Para mi tenía un sentido significativo especial porque, además, Colón promete esperanza, es comunidad, y cuenta con construcciones modernas como en grandes ciudades. A orillas del mar está su nuevo Mall Colón 2000, que abriga un ambiente de restaurantes y tiendas de la más diversa índole. Y allí me sorprendió presenciar, precisamente en Navidad, una orquesta de escolares dirigida por diferentes directores de música que se alternaban para continuar alegrando a la gente al pasar.



Cerca de Colón, el atractivo turístico imperdible son las esclusas de Agua Clara. Fueron inauguradas el 2016 como parte del megaproyecto de ampliación del Canal de Panamá, y desde entonces atraviesan por sus aguas los mayores barcos del mundo, los mega-buques, como tanqueros, portacontenedores, graneleros, portavehículos, refrigerados y buques de gas licuado de petróleo: lo que uno puede observar, adquiriendo simplemente un ticket en el Centro de Visitas, el que registra el paso de 35 a 40 buques diarios.





Yo regresé a Ciudad de Panamá con el corazón repleto. Aunque fuese por pocas horas, había conocido un destino por tanto tiempo ansiado. Después les contaré sobre el cercano Shelter Bay, un punto estratégico muy conocido por navegantes internacionales como base previa para cruzar hacia el Pacífico por el Canal de Panamá. Ojalá ahora Julie Pérez, mi amiga panameña de Colón -en el lugar del mundo en que se encuentre- lea esta nota, recordando cuando a nuestros 17 años conversábamos sobre su pueblo añorado, impregnado de una identidad cultural tan distinta a la del resto del Panamá.













Pienso que podrás encontrar el paradero de tu amiga Julie Pérez…
Gracias Carmen. Tu reportaje me ha hecho ver un error turistico que tenia. He atravesado el canal 3 veces y creia por error haber estado en Colon. Estuve en Limon, Costa Rica y no se porque creia que se Llamaba Colon. Tu reporte me hizo constatar que Colon no estaba en Costa Rica.
Interesante la historia de Colon y la estudiare mas. Gracias
Gracias Carmen, disfruté mucho tu descripción del Canal de Panamá. Me hizo recordar que a mis 9 años tuve la enorme fortuna de cruzar el Canal de. Panamá . Fue una experiencia inolvidable ir avanzando por el Canal mientras el barco subía y bajaba en las diferentes excusas, rodeado de una exhuberante selva tropical.
Gracias de nuevo por darme esta alegría.