Mi entusiasmé por viajar a Australia tan pronto supe que, al menos, dos campeonatos mundiales deportivos oficiales tendrán lugar allí este año: la Rugby League World Cup 2026, que se realizará en varias sedes de su territorio (además de Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda) del 15 de octubre al 15 de noviembre; y el Campeonato Mundial de Ciclismo en grava (UCI Gravel World Championship) los días 10 y 11 de octubre en Nannup, en la zona occidental de esta nación de 25 millones de habitantes, y cuya población se sextuplicó en el período 1901-2016, incentivada por un ambicioso programa de inmigración. ¿Cómo viajar desde Santiago a Sidney, su capital, en un vuelo de 14 horas al sexto país más grande del mundo, ubicado en Oceanía, el continente más pequeño, con el desierto más seco del orbe y que se rige por una monarquía constitucional parlamentaria federal? Había que conocer Qantas, su aerolínea Premium.


Todo se produjo la semana pasada al conocer en la residencia del embajador de Australia a Gendrix Blackwood, Director de Ventas en Qantas para Sudamérica. Una aerolínea, me explicaría, «que en sus 106 años de vida ha sido y continúa proporcionando un nivel de servicio para nosotros importante porque el viaje es largo y queremos que nuestros pasajeros se sientan cómodos. Nuestras tarifas incluyen todo. Con Qantas, el pasaje cubre la selección de siento y tu maleta de 32 kilos, no de 23. La gastronomía está diseñada por un reconocido chef australiano. Los vinos son todos originarios del país porque queremos que la experiencia en Australia empiece desde el momento en que un pasajero sube a bordo. Nuestra tripulación sabe que su país es lo que en inglés se dice: un «bucket list destination»: un lugar que uno quiere conocer en algún momento de su vida y nosotros deseamos que ese experiencia comience con Qantas. Y lo hacemos desde Santiago 4 veces por semana en un Boeing 787 Dreamliner, que opera desde Chile, con una capacidad para 236 pasajeros, número menor a los 320 que operan otras aerolíneas con ese mismo tipo de avión. Algo hecho a propósito para brindar mayor espacio y comodidad a los pasajeros. Su clase ejecutiva no solo es excelente, sino también coach es muy cómoda. Tienes por ejemplo el ´foot net´, para que la gente no ponga sus pies en el suelo, sino elevados para ayudar a la circulación. También están los ´snak bars´. Uno no tiene que llamar a un tripulante de cabina para pedir un vaso de agua. No, allí uno encontrará bebidas, fruta, galletas, sin tener que prender esa luz sobre su asiento. Pequeños detalles que hacen la diferencia».


Natural de Miami, 40 años e hijo de padres centroamericanos, Gendrix Blackwood habla español perfecto. Se inició en la aerolínea como ejecutivo de cuentas, permaneciendo 10 años en los Regional Headquarters de Qantas en Los Angeles, California. Hoy, basado en Chile, recibe así mismo pasajeros provenientes de Brasil, Argentina, Colombia y Perú. Por sobre todo, admira los sistemas de seguridad en su aerolínea. «Saber que Qantas no ha tenido un accidente grave en su historia, es algo que nos da mucho orgullo». Y recuerda la frase que le compartió un ex jefe suyo: «Nosotros hoy somos ´caretakers´ de esta marca. El trabajo que hacemos todos los días, durante el tiempo que estemos en esta empresa, es para asegurar que ojalá continuemos por otros 106 años más«.



Reportajes publicados previamente en Bendito Planeta sobre las bellezas de Australia -como «Sidney en el corazón» y «Las montañas azules«, escritos por Irene Strodthoff – además de «El discreto encanto de Brisbane», el tercer viaje de ensueño que nos compartió Bernardita del Solar a esa misma ciudad- son aportes que nos refuerzan el concepto que, en definitiva, Australia no es solo el Campeonato Mundial de Rugby o el Mundial de Ciclismo, sino que nos llena de optimismo saber que podemos dirigir nuestras preferencias para viajar a este continente, que tan poca gente conoce, también en tiempos de vacaciones.












