HURACÁN ANDREW | Una aventura de mundo offline

Una historia de viaje de tres grandes amigos en un mundo offline, en medio de un huracán y una narración que bien podría servir de guión para un cortometraje.

 

TEXTO: Gonzalo Redondo

 

Los eventos absolutamente sorprendentes ocurrieron en 1992 y he considerado que conforman una historia muy entretenida de leer durante estos tiempos 2020.

Han transcurrido exactamente 28 años y cuando escribo estas líneas me parece increíble. Teníamos 24 años.

Comenzamos esta historia.

Llegué a Miami en agosto de 1992. Mi viaje fue un traslado permanente por motivos profesionales y aterricé muy contento, con grandes tareas y desafíos que abordar. Tenía 24 años y profesionalmente determinó muchos aspectos de mi vida en forma extraordinaria. Ese mes de agosto tenía muchísimas cosas que hacer en todo momento y durante todos los días de la semana. No conocía a nadie, el desarrollo de amistades ocurriría naturalmente después. Entre todo lo que tenía que hacer en esta etapa de mi llegada a Estados Unidos, debí encargarme de contactar a un corredor de propiedades para seleccionar un departamento y arrendarlo a la brevedad, para luego focalizar mi atención en la avalancha de tareas de que debía atender asociados a trabajo.

No recuerdo como contacté a la corredora de propiedades. Pero, hice contacto con ella, me recogió en su automóvil en mi hotel y me dio vueltas por todo Miami, mostrándome propiedades durante todo el fin de semana. Estaba absolutamente confundido. Visitamos departamentos en áreas de Kendall, South Miami, South Beach, North Miami Beach, Aventura y Hollywood, departamentos de planta baja y planta alta, de una, dos y tres recámaras, lejos del mar y cerca del shopping mall, cerca del mar y próximo a un campo de golf, frente al mar o mirando al west de la ciudad, cerca de los canales de Miami Beach o distante de ellos, con alfombra o piso cerámica, con balcón o sin balcón, con gym o sin gym, con pool o sin pool, con tennis court o sin tennis court.

Estaba colapsado. Buscar propiedades no era para mí, menos aún sin ayuda y con un recurso de tiempo absolutamente escaso en ese instante. Había que tomar ya una decisión y la tomé. Arrendé un departamento en Aventura, mirando al mar y llegar hasta él requería solamente cruzar caminando la avenida A1A.

No sé cómo llegue hasta ese departamento con la corredora, pero me pareció que no nos demoramos más de 15 minutos desde la propiedad que visitamos antes. Y 15 minutos suena fantástico. Tengo varios talentos, pero mi brújula natural y capacidad para leer mapas y orientarme es absolutamente de primer grado. Al día de hoy, continúa siendo como la que podría tener un niño de 6 años y no cambiará. Waze fue desarrollado para personas como yo. Sin embargo, en 1992 no había Waze. Regresemos a mi decisión de arriendo de propiedad, la primera de mi vida. Había seleccionado un departamento que no estaba a 15 minutos de mi oficina, pero con toda seguridad estaría todos los días a una hora de mi oficina, siempre y cuando saliera rumbo a ella a las 05.30 de la mañana con una taza de café con leche para evitar el tráfico de automóviles en rush hour y manejando por la I-95 que, en 1992, tenía 4 pistas en cada sentido. También podía demorarme aproximadamente 2 horas para ir a mi oficina y luego 2 horas más para regresar a mi departamento en un horario normal de tráfico, considerado normal para todo el mundo.

No podía creer cómo mi decisión de arriendo había sido tan distante de mi lugar de trabajo, el cual estaba muy próximo al aeropuerto de Miami, como tampoco pude creer que luego de dos semanas de vivir en mi departamento comencé a conocer a mis vecinos durante los fines de semana. Advertí que mis vecinos eran unos fenomenales. Tenían aproximadamente 90 años en promedio, muchos muy activos, vestidos en shorts de tenis y polera, algunos fumando puros y todos ellos con acentos de New Jersey y New York.

Entré al departamento la primera semana de agosto de 1992 y, comenzando la segunda semana, llamé telefónicamente por línea fija a mi mejor amigo. Esa llamada que se hacía antes necesitaba que la persona que recibía la llamada debía estar junto al teléfono para responder. Requería una coordinación salvaje de enorme precisión que hoy no existe. Era mi compadre, Andrés Souper. La llamada telefónica fue fantástica. Lo llamé para tentarlo a que se subiese al avión y pudiésemos compartir juntos en Miami. Andrés me respondió que le parecía un plan formidable y me llamó a los pocos días para informarme que llegaba a visitarme en una semana con nuestro amigo, Jaime de la Cruz. Me dijo que se quedarían unos días conmigo en Miami y que luego se regresaban a Chile para continuar con sus agendas, que los pasajes estaban comprados y que lo pasaríamos faaaaaaaantástico.

 

 

Andrés comprendía que de lunes a viernes yo estaba con todos los motores encendidos por temas de trabajo y me dijo: “Pelao, no te preocupes que llegaremos a Miami el viernes, nos vamos los tres a Epcot de fin de semana y, como estás trabajando a full, con Jaime nos vamos a Bahamas el lunes y regresamos a Miami el viernes siguiente, nos quedamos contigo y el domingo 23 de agosto regresamos a Chile. Yo estaba encantado con estos muchachos y su capacidad para tomar acción.

Andrés y Jaime llegaron a Miami el viernes y esa misma tarde nos fuimos a Epcot. Regresamos a Miami y el lunes conectaron a Bahamas en un American Eagle. Esa semana venía también de viaje desde la costa occidental de África una tormenta tropical que cruzaba el Océano Atlántico. La tormenta tropical fue perdiendo intensidad durante su viaje hacia el Caribe y el National Hurricane Center (NHC) descartó que fuese una amenaza para la región. Recuerden que estamos en agosto. Yo no había tenido tiempo aún de comprar un televisor bien gordito pues los flat screens no existían. No había comprado ni una radio a pilas. La única radio que tenía era la de mi camioneta y escuchaba música solamente. No estaba aún en mode de comprar y leer el periódico, y tampoco tenía amigos con los cuales irme de happy hour un miércoles a las 7 pm y actualizarme en temas varios con diversos puntos de vista. Yo estaba recién aterrizado y tratando de dormir un poco y despertar con enorme disciplina para poder hacer todo lo que tenía que hacer en el trabajo. No era época digital. No existían los emails, el uso de internet no era de acceso público. Los computadores de oficina eran solamente utilizados para correr una planilla Lotus y un software de texto llamado WordPerfect antes que aparecieran Word y Excel con Windows. No existían los mensajes de texto y menos un whatsapp. Existían el fax, la laptop capaz de almacenar 500 recetas de cocina y eso seria todo en materia de productividad del equipo de la época y el teléfono celular análogo del tamaño de una caja de zapatos. Yo tenía los tres y ninguno nos serviría para enfrentar lo que venía esa semana. Un happy hour nos habría cambiado la historia en desarrollo que ustedes leen, pero no nos fuimos de happy hour con los locales de Miami.

 

 

El día jueves de esa semana, el centro de huracanes de Miami (una entidad absolutamente invisible para nosotros) detectó que la tormenta tropical que viajaba desde África había ganado intensidad durante su viaje por el Atlántico y que las condiciones eran perfectas para hacer una transición de tormenta a huracán. Se le asignó la letra «A» por ser la primera tormenta tropical (ya huracán) de la temporada 1992 y el nombre fue Andrew, como mi mejor amigo Andrés y como nuestro gran amigo Jaime Andrés. El mismo día jueves se informa que la ciudad de Miami y el estado de Florida se deben preparar para un landfall del huracán que será aproximadamente el día domingo y que se debe evacuar a la brevedad hacia lugares seguros, pero con debida calma.

Yo no me enteré de nada y Miami comenzó a tomar medidas como cargar combustible, limpiar los supermercados y negocios de materiales de construcción. Era una época en que te enterabas de todo si prendías la TV. Había que simplemente encenderla, pero no había nada que encender. La noche del jueves me llama Andrés para decirme que Jaime y él lo están pasando divinamente bien en Bahamas, que han comido delicioso, que han bailado bastante calypso, que el clima está bien inestable con bastante lluvia y que esperan con enorme entusiasmo llegar a Miami para estar pasándola bien juntos y ojalá meternos al mar y tomar sol para llegar bien coppertone de regreso a Chile en época de invierno. ¡¡Naturalmente !!!

 

 

Me preguntan que si les puedo ir a buscar al aeropuerto de Miami el viernes por la noche y naturalmente yo estaría ahí para recogerlos con un tremendo abrazo. Yo estaba muy feliz que ellos llegaban para estar conmigo.

Y amanece el día viernes 21 de agosto. Salgo a las 05.30 am con mi taza de café con leche rumbo a la oficina, trabajo todo el día y me voy al aeropuerto a buscar a Andrés y a Jaime. Ellos salen del aeropuerto tal como entraron el día lunes cuando los dejé, pero en esta ocasión aparecen sumamente contentos y con trencitas en el pelo. Nos abrazamos con un cariño gigante y nos fuimos a mi departamento en Aventura. No había tenido tiempo en la semana de ir al supermercado a comprar nada y me sentía muy incomodo de no tener algo especial para ellos, así es que antes de llegar al departamento paramos en un Publix enorme a comprar muchísimas cosas deliciosas. Eran casi las 9 de la noche del viernes y entramos al supermercado a comprar de todo y no había nada.

 

 

Pero, ¿cómo es posible que no haya nada en el supermercado???????? ¿Cómo se explica semejante cosa ????????? Es un día viernes !!!!!! No habían galletas, no habían gaseosas, no había agua y tampoco cervezas, no había pan, pasta, hamburguesas, no había nada de nada. Recuerdo que había unas latas de tunafish y una bolsa de nachos y nos llevamos eso. El ser humano debe tener una capacidad para explicar fenómenos extraños pues no puede ser que algo suceda sin comprender su mecánica de funcionamiento y ese comportamiento de compra de las personas en Miami un día viernes debía tener una explicación. Lo único lógico para mi, y sin haber estado en Miami por más de 3 semanas, era que la gente debe trabajar mucho durante la semana (lo que es verdad), no debe tener tiempo para ir de compras al supermercado (lo que es verdad), durante el fin de semana deben intentar descansar si no tienen que hacer un doble trabajo para pagar las cuentas (lo que es verdad) y por lo tanto, matemáticamente, deben ir en manadas a comprar de todo al supermercado los viernes por la tarde (conclusión absolutamente equivocada, pero interesante de llegar a ella si uno está experimentando esto).

Con 3 latas de tuna, una bolsa de nachos y con el fenómeno explicado, nos fuimos al departamento y nos conversamos todo el viaje a Bahamas y con especial interés, como el avión de American Eagle se movía cruzando tormentas desde Nassau a Miami y como Andrés y Jaime venían sumamente nerviosos en el avión. Andrés y Jaime relataban que había pasajeros que comenzaron a gritar en pleno vuelo.

 

 

Llego el día sábado y comenzó el éxodo de los residentes de Miami hacia el norte de Florida. Entre sábado y domingo, un millón de personas debió evacuar Miami. Nosotros despertamos, nos habremos tomado unas 4 horas en bañarnos, vestirnos, pensar que haríamos ese día y tomar decisiones. Así llegó la hora de almuerzo, nos fuimos a pasear al Aventura Mall, unas compras para llevar a Chile, luego a pasear por Hollywood Beach y así terminó el día. En la camioneta, escuchábamos muy buena música y simplemente disfrutábamos de nuestra hermosa amistad y el poder compartir momentos inolvidables.

Finalmente llega el domingo. El día (en la noche/madrugada de lunes) de la llegada del huracán Andrew con categoría 5. Era también el día del regreso de ellos a Chile en un vuelo Lan Chile que despegaba como a las 10.00 pm. Como era el último día y era prácticamente todo el día disponible para hacer actividades antes de ir al aeropuerto, decidimos que no era adecuado estresarse, andar apurados y que aprovecharíamos todo el día en la playa frente a nuestro departamento para poder agarrar ese color coppettone. Con esta decisión muy bien tomada, con votación de mayoría absoluta, nos pusimos los trajes de baño, toallas, mascarillas de buceo y gualetas que yo tenía más las paletas gruesas de playa que me había traído Andrés desde Chile.

 

 

Al momento de salir del lobby de nuestro edificio residencial con todo nuestro equipamiento y entusiasmo, pudimos observar a varias decenas de residentes adultos mayores del edificio haciendo filas con maletas y esperando su turno para subir a algún vehículo que les recogía uno a uno y se iban. Pero, qué cosa más extraña??? Qué comportamiento más diferente al nuestro en Chile??? Saliendo con maletas como si esperaran un bus que los llevara a todos de paseo a Epcot. Y ahora ¿como le doy una explicación a este fenómeno?? Llegué a la conclusión que a los adultos mayores en Miami les debe gustar muchísimo salir de paseo los días domingo. Seguramente porque puede ser más económico que en otros momentos de mayor demanda durante la semana y se van por varios días de paseo porque se van con maletas y seguramente las propuestas de paseo deben ser muy buenas para ellos y las aprovechan con sus familiares que los pasan a buscar los domingos por la mañana. Y con este fenómeno debidamente explicado, salimos del edificio, cruzamos la calle y nos fuimos a clavar bandera con las toallas en la playa.

El día era simplemente espectacular, cielos despejados y unas nubes muy lejos. No había nadie en la playa y era ya medio día ¡!!!!!!!!! Eran kilómetros de playa para Jaime, Andrés y para mí. No había ni gaviotas. Obviamente que no. Esas empacaron al menos 3 días antes.

No podíamos creerlo, tooooooooda la playa para nosotros tres. Esto también había que explicarlo y llegamos a la conclusión de que, en casa con piscina, nadie ocupa la piscina. Y así es acá. La playa hermosa está ahí todos los días, en todo momento y, las personas que pueden acceder a ella ya no aprovechan lo que tienen. Listo. Analizado, concluido y cerrado.

Lanzamos las toallas, encremados hasta el cuello, hicimos snorkling, jugamos paletas, nos reímos como fue siempre nuestra buena costumbre de absolutamente todo, momentos de colegio y universidad, todo muy encachado hasta que decidimos detener la experiencia de playa tipo 5 pm para regresar al departamento y sin stress, bañarnos, vestirnos, armar maletas y dirigirnos al aeropuerto en la camioneta por la I-95 con rumbo South, directo al aeropuerto. Llegamos a nuestro edificio que estaba vacío pues sus ocupantes estaban de paseo familiar iniciado ese mismo día y ejecutamos nuestro plan para luego ir al aeropuerto. No existía web check-in y tampoco pre check-in telefónico. Era la época en que uno aparecía en la aerolínea con ticket en mano y ahí ocurría todo. Face To Face en el counter. 

Esto es importante porque tampoco había proceso para llamar a la aerolínea para hacer el check-in y así nos habríamos enterado que todos los vuelos estaban suspendidos porque un huracán categoría 5 llegaría esa noche en pocas horas, a las 05.00 de la madrugada del lunes 24 de agosto y con toda su furia implacable.

 

 

Nos subimos a la camioneta y entramos a la I-95 dirección South. Eran como las 7:00 de la tarde y nuestro vehículo era el único que se desplazaba hacia el sur. Los que no evacuaron el sábado, lo hicieron el domingo y quienes no lo hicieron el domingo de mañana como mis vecinos, lo estaban haciendo ahora y tooooodos los vehículos viajaban por la I-95 hacia el norte. En el sentido opuesto al nuestro. Miles de autos hacia el norte y Jaime, Andrés y yo hacia el sur. Yaaaaaaaaa, esto es muy extraño recuerdo haberle dicho a Andrés y le pedí que prendiera la radio de la camioneta mientras yo observaba la situación en la carretera porque había algo muy extraño en desarrollo y no teníamos imaginación suficiente para analizarlo con éxito, algo que si nos caracterizó en los escenarios anteriores. Andrés enciende la radio y todas las estaciones estaban transmitiendo protocolos de emergencia de evacuación para salir del sur de la Florida y salvar con vida. Además, indicaban que había tanta gente intentando evacuar tarde que ya no había tiempo de evacuar y la instrucción era alejarse inmediatamente de las zonas costeras y buscar refugio tierra adentro.

Nosotros estábamos mudos y yo manejaba hacia el aeropuerto porque no podía hacer otra cosa. A donde íbamos a evacuar????? Con dificultad no me perdía en el camino para lograr llegar a la oficina, con éxito en una ciudad totalmente plana, sin un solo punto de referencia más que la efectividad del despegue y aterrizaje de los aviones de oeste a este y con esa trayectoria conocida, poder localizar a distancia más o menos por donde estaría el downtown u otras áreas de interés para mí. Pero, toda esta metodología llevaba a errores muy grandes si el viento cambiaba y los aviones ahora despegaban o aterrizaban de este a oeste, entonces al downtown me lo cambiaban de lado y, como yo no manejaba mi camioneta con la mano fuera de la ventana midiendo la dirección del viento, me llevaba grandes sorpresas cuando intentaba llegar oportunamente a algún lugar o reunión.

Este momento estaba lanzado con los dados al igual que todos los momentos del viaje. No podíamos evacuar por decirlo dignamente. No podíamos arrancar a toda velocidad por decirlo correctamente porque no sabíamos a dónde ir ni cómo llegar a ese lugar si lo hubiésemos encontrado y, en consecuencia, continuamos hacia el aeropuerto por si acaso Lan Chile todavía tenía planificado salir con su avión cargado de pasajeros a pocas horas de la llegada del huracán Andrew categoría 5. Al llegar al aeropuerto nos detienen dos camiones militares y nos piden identificación. La entregamos y explicamos al militar que nos interrogaba que nuestro objetivo era ingresar al aeropuerto, estacionarnos, dirigirnos al counter de LanChile, hacer el check-in de mis amigos y luego comernos algo en el aeropuerto porque teníamos bastante hambre.

El militar nos observa como si fuésemos marcianos recién aterrizados y es que efectivamente lo éramos. Éramos unos verdaderos marcianos desconectados de todo lo que sucedía en este Planeta. Le resumí nuestra historia en 3 minutos con una capacidad de síntesis impresionante, pero sin perder los key highlights de todo lo experimentado, y le explicamos que no teníamos a dónde ir ni sabríamos cómo llegar. El oficial comprendió que éramos marcianos y aceptó permitirnos entrar al aeropuerto no para tomar el avión a Chile, que naturalmente no existía ya en plan de vuelo, sino más bien para permitirnos tener albergue y sobrevivir.

 

 

Y así fue como ingresamos al Miami International Airport. Estacionamos la camioneta, decidimos dejar las maletas en su interior pues no era necesario llevarlas con nosotros, entramos al main building del aeropuerto y nos encontramos con miles de personas que estaban sentadas y rescostadas en el suelo con sus maletas, debido a los cientos de vuelos suspendidos. No estábamos solos.

Y ésta fue una lección extraordinaria. Sin saber leer ni escribir. Poder pasar la noche en el aeropuerto internacional de Miami fue lo mejor que nos pudo haber ocurrido. Era de los pocos lugares con generadores de alta capacidad para alimentar con energía absolutamente todo. Teníamos aire acondicionado permanentemente, los baños funcionaban, había televisores en los muros para ver las noticias y comprender lo que sucedía afuera y a qué hora llegaría el huracán como si fuese el countdown del año nuevo. Había tiendas en el interior que estaban abiertas y le vendían de todo a los pasajeros, podíamos alimentarnos y dormir en el suelo alfombrado en verde y azul, tan característico en ese aeropuerto de Miami por tantos años. Andrés, Jaime y yo estábamos pendientes de la llegada del huracán. En Chile, no había manera que nuestras familias se hubiesen enterado de lo que sucedía en ese momento en Miami y eso nos tranquilizó bastante esa noche. Cada 10 minutos salíamos del área indoor del aeropuerto a la calle para ver si las palmeras se movían. Nos dijeron claramente que al comenzar el movimiento de ellas, se cerrarían las puertas de vidrio de acceso al edificio y debíamos quedarnos tranquilos en el interior.

Y así fue. Era la una de la madrugada y el huracán llegaría con toda su furia a las 5 de la mañana. Jaime encontró una correa transportadora de maletas de United, sin gente sobre ella, así es que ahí mismo nos pusimos a dormir. Despertamos como a las 4:00. Recuerdo que miramos por el ventanal que permitía observar la pista de aterrizaje y el agua sobre la pista se movía como si fuese una piscina. No pudimos dormir más. A las 8:00 del lunes salimos del aeropuerto en la camioneta. Era una tragedia de proporciones. No había electricidad en hogares y en su ausencia por semanas no hubo luz, no había aire acondicionado, no había refrigeradores, no había agua helada en un momento en que la temperatura de pleno verano excedía los 30 grados. No se podía producir hielo. Tampoco había comida y «cuida tu gasolina» porque sin electricidad no se pueden utilizar las máquinas. Casas en el suelo, automóviles destruidos con otros automóviles encima de los primeros y árboles sobre otros. Veleros que con marea más que alta rompieron amarras de sus muelles y quedaron botados como si fuesen embarcaciones de cartón, en la calle, del otro lado del muelle.

Nos tocó vivir muy cómodamente desde un albergue aeronáutico, construido en concreto sólido y vidrios casi a prueba de todo el fenómeno climático más destructivo y sin precedentes en la historia de Estados Unidos hasta no ocurrir Katrina en 2005.

Andrew dejó en el suelo aproximadamente 25.000 casas y más de 160.000 personas quedaron sin hogar. El costo de Andrew para la economía de Estados Unidos fue calculado en 27 billones de dólares. Es decir, 27 mil millones de dólares.

Andrés y Jaime lograron subir al LanChile el día miércoles. Fue el primer vuelo de LanChile. Nos abrazamos con un cariño gigantesco y se embarcaron rumbo a casa.

 

 

Contacté a Andrés hace unos días para contarle que tenía muchas ganas de escribir nuestra historia para BenditoPlaneta. Le pregunte si tenía fotografías de nuestro viaje porque las mías están en una bodega y buscarlas ahora es una locura. Le agradecí, asegurándole que si me las compartía en un plazo de 5 días, para mí sería una misión absolutamente bien cumplida. En menos de 10 minutos Andrés me envió las imágenes que están publicadas en esta historia. Piensen ustedes ¡qué mejor amigo puede encontrar y entregar a otro, en menos de 10 minutos, unas fotografías en papel fotográfico que fueron capturadas hace 28 años atrás! Y Jaime lo hizo también.

 

 

Habilidades

Publicado el

31 agosto, 2020

26 Comentarios

  1. Adriana

    Qué buena historia Gonzalo!
    Gracias por compartirla
    Y lo mejor de todo, que tú hayas podido compartir esta aventura inolvidable con tus queridos amigos.
    Menos mal que tu auto tenía radio!

    Responder
  2. M. del Carmen Noriega

    Muy entretenida e interesante vivencia. La inocencia de la juventud y la amistad a esa edad, es la mejor experiencia de vida. Siempre juntos, siempre amigos

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    • GONZALO REDONDO

      Muchas gracias M. del Carmen.
      Me gusto mucho lo que has escrito al destacar la inocencia de la juventud y la amistad a esa edad. Juntas determinan un bonding con un pegamento de amistad de muy buena calidad.

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  3. Carmen Schmitt

    De: Andrés Souper
    Mil gracias!!! Que recuerdo de vida más lindo. Siempre tengo en la memoria esta aventura que nos pegamos con Gonzalo hace ya tantos años atrás.
    Muchas cariños.

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  4. Andres Souper

    Gonzalito, hermano mío, este es uno de los recuerdos mas lindos que mantengo en mis registros. Fue toda una aventura que tu relatas de una manera espectacular, precisa y por sobre todo sin omitir ningun detalle desde el lado de las emociones. Como le escribí a tu madre fue una experiencia muy marcadora para mi. Te mando un fuerte abrazo y gracias.

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    • GONZALO REDONDO

      Mi querido Andres (Pelao), sin palabras.
      Estamos aligned.
      Abrazo grandote.

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  5. José Miguel Ossandón Correa

    Muy bueno.Tuve una experiencia muy parecida.En 1995, manejando desde Orlando a Fort Lauderdale, la carretera completamente vacía, solo nos topamos con un auto. Me entero por la radio que hay tornado watch en Florida (alerta de tornado). De ciencia ficción, por suerte no nos pasó nada. El tornado fue Daytona.

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    • GONZALO REDONDO

      Hola Jose Miguel.
      Son experiencias unicas.
      La radio del auto es mas que un accesorio !!!! jajaja

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  6. Jaime De La Cruz

    Que extraordinarios recuerdos, mil gracias Gonzalo por tu relato, además de muy entretenido.
    Comenzar a leerlo fue comenzar a reír, recordando tantas otras anécdotas, como cuando estando en la playa de Bahamas se “estaciona” un helicóptero de los guarda costa al frente nuestro y por sus altoparlantes nos instruía a salir de la playa por la llegada del huracán Andrew. Andrés dormía y yo con mi nulo ingles no entendí nada. Mientras todos corrían, nosotros seguimos relajados en la playa y yo pensaba como eran de exagerados estos «gallos» arrancando de la playa por que el helicóptero les informaba de la «presencia de un tiburón», jajajaja, no teníamos idea a lo que nos enfrentaríamos horas después.

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    • GONZALO REDONDO

      Jaime, este dia de playa en Bahamas y que relatas, no me la sabia. Esta muy bueno. Que lindo feedback el que hayas reido leyendo. Es un feeling muy especial, se baja la guardia y uno se reencuentra con aspectos muy autenticos necesarios para el alma.
      Un abrazo grande Jimmy.

      Responder
  7. Veronica

    Excelente relato y coincide con la juventud de sus protagonistas porque oír radio para noticias no cabe en la mente de un joven.
    Excelente la descripción de los de la tercera edad porque es real y necesario.
    Felicitaciones a los tres son seres muy verdaderos y me reí mucho con lo del Publix porque yo antes de llegar al hotel compro de todo allí.

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Hola Veronica, muchas gracias por tu comentario.
      Estas en lo correcto y te agradecemos los Tres.
      Gracias por las felicitaciones a los Tres.

      Responder
  8. Diego Schmitt

    Jajajajajajajajaja en verdad esta historia es digna de un cortometraje. Quizás de una comedia porque esas conclusiones tenían sentido, pero el panorama era completamente distinto dependiendo del punto de vista y ninguno esperaba una noticia tan grande. Se nota que la distribución de información ha cambiado mucho a lo largo de los años.

    Solo faltó decir que en esa época no existían los celulares para sacar fotos, sino que se usaba cámara con rollos y que había que rezar para que las fotos se revelaran bien.

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Tienes toda la razon Diego !!!
      Efectivamente, las imagenes originales son todas de papel fotografico y se puede observar en ellas que la maquina fotografica era bien rudimentaria. Seguramente nos llego de regalo con la compra de 10 bolsas de popcorn en el cine.

      Responder
  9. Santiago Sanchez

    Extraordinario relato Gonzalo, con esa pluma talentosa para transmitir emociones, cargadas de la «voladura» de los 24 años. Te puedo imaginar perfectamente en la luna mientras Miami se preparaba para lo peor. Y va un abrazo para Andrés, el otro integrante del trío al que tengo la suerte de conocer.

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Santiago querido, vinimos de otro planeta desde muy pero muy lejos y la nave se quedo sin gasolina en Miami. (jajaja)
      No hay otra explicacion.
      Abrazo grande campeon y te agradezco mucho el feedback positivo autentico porque es superior al enrollment anual del gym.

      Responder
  10. Judith Arango

    Bendito…RADIO!!!

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Un abrazo y un beso muy grande.
      As powerful as that.

      Responder
  11. Pato Ihnen

    Notable historia queridos amigos y magnífico relato de Gonzalo…
    Un abrazo enorme desde un primaveral Litoral de los Poetas…

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Que fantastica sorpresa Pato.
      Que bueno que te has sumado a esta historia.
      Abrazo grande, grande y un privilegio el que estes alla.

      Responder
  12. IGNACIO BUSTOS PRADO

    Que buena historia Gonzalo. Gran abrazo a los 3

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Gracias Nacho.
      Tu tienes muy buenas historias de viajes, deberias compartirlas.
      Tirate al agua con la primera.
      Abrazo grande.

      Responder
  13. Gladys Gibson J,

    Que experiencia mas bien relatada, he llorado de risa, notable
    que buena historia y grandes recuerdos-
    un abrazo para los 3

    Responder
    • GONZALO REDONDO

      Hola Gladys, muchisimas gracias por el abrazo para los Tres y que bien me siento al comprender que has disfrutado de nuestra historia y has reido con ella.
      Gracias por compartirlo con nosotros.

      Responder
  14. GONZALO REDONDO

    Gracias Nana.
    Recordar lo especial y compartir es muy enriquecedor.
    Andres, Jaime y yo gozamos mucho el recordar antes de publicar.

    Responder
  15. Alfredo Alliende

    Hola Gonzalo, muy bueno tu comentario y en general ratificas que el que en USA no ve televisión, no sabe lo que pasa.

    Yo había estado tres semanas estaba por trabajo en Puerto Rico, donde pasó cerca el huracán y un par de días en Miami, de donde me vine el jueves anterior a que llegara Andrés. En estas dos partes, ví la desesperaciones de la gente por comprar cosas y prepararse para arrancar.

    En Puerto Rico, a pesar de que el ojo del huracán estaba a más de 100 millas, nunca había visto llover tanto como ese día, ni siquiera en Valdivia donde sí llueve de verdad.

    Volví un mes después a Miami y me impactó lo que aún quedaba en el suelo, a pesar de todo lo que se había trabajado por limpiar y reponer casas y edificios.

    Saludos

    Responder

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