El espíritu de esta ciudad lo llevó Hollywood a la pantalla grande bajo el título «El príncipe estudiante» -película musical con Edmund Purdon (doblado con la voz de Mario Lanza) y Ann Blythe- que reflejó en los años ´50 ese ensoñador ambiente universitario.

 

 

«Heidelberg tiene algo ideal», habría dicho Goethe -según medios informativos- luego de explorar sus rincones muchas veces, tras haber bebido altas cantidades de vino. Connotados otros personajes también se inspiraron aquí. Como Martín Lutero, el científico social Alfred Weber, el filósofo existencial Karl Jaspers; Hegel, el padre de la Dialéctica; Robert Schumann, uno de los más importantes compositores del romanticismo musical, y hasta el entonces desconocido escritor norteamericano Mark Twain, quien vivió allí varios meses. Hoy Fernando Lolas Stepke -quien estudió en Heidelberg- nos comparte sus recuerdos como alumno en esta ciudad, considerada una de las más románticas de Alemania.

 

 

«Llegué a estudiar a la vieja Universidad de Heidelberg, fundada en 1386, hace muchos años. La Ruprecht-Karl Universität, tal es su nombre alemán, es parte del corazón y nervio de la ciudad, enclavada a orillas del río Neckar, en el Land Baden-Württemberg. La sala de actos de la Universidad, en el edificio que está precisamente en lo que se llama la Universitätsplatz, la plaza de la universidad, impresiona por su sobriedad elegante. Hablar en ella hace imaginar la vida académica del pasado e infunde igual o mayor respeto que las de otras universidades clásicas. A lo largo de los años, aunque la ciudad ha cambiado, retiene un encanto que las leyendas acentúan. El Schloss, castillo que desde una cumbre domina la ciudad, ha visto mucha historia. Hoy es una ruina venerable, magníficamente conservada para los visitantes, que se ilumina con fuegos artificiales una vez al mes durante el verano. La fiesta es la Schlossbeleuchtung, a la cual acuden visitantes de todo el mundo a admirar el espectáculo, festejar con vinos y cervezas, y degustar alguna que otra Wurst (salchicha) en las calles. Para mí ha sido un rito, cada vez que llego a la ciudad, caminar por la Hauptstrasse (calle principal) hasta Schlemmermaier, una tienda de cecinas, y comer en la calle una larga, deliciosa “Thuringer Wurst”, servida junto en un crujiente Brötchen (panecillo) con generosa porción de Senf (mostaza).

 

 

Inevitable es pasar por el llamado Alte Brücke (puente viejo), que cruza el Neckar. Por vivir en la Hirschgasse, una empinada calle que sube una ladera del río hasta el Philosophenweg (el camino de los filósofos), muchas veces hice ese trayecto mirando la abundante vegetación, gozando de un clima privilegiado, y pensando en tantas personas ilustres que por allí pasaron. El puente de hoy es una reconstrucción del original, destruido durante las acciones finales de la Segunda Guerra Mundial. Heidelberg no fue, como otras ciudades, sometida a bombardeo brutal y, al sur de la ciudad en la Patrick Henry Village, residen soldados norteamericanos con sus familias.

 

 

Dignas de verse son tanto la Bismarckplatz, en la cual empieza la Hauptstrasse, como la Karlstor, donde termina. Por años, cada vez que he ido, suelo aposentarme en una residencia universitaria situada a los pies del castillo, hacia el final de la larga calle. Caminando por esa vía exclusiva para peatones, se pasa por el famoso Kurpfälzisches Museum, museo muy variado que guarda la mandíbula del llamado “hombre de Heidelberg”. Se siente la ciudad y se visita la Heiliggeistkirche (iglesia del espíritu santo), en cuyo entorno se instala en la época navideña el mercado de Navidad (Weihnachtsmarkt), en donde se bebe Glühwein (vino caliente con especias) y se degustan delicias callejeras (mis preferencias, largas salchichas a la parrilla).

 

 

Como otras ciudades universitarias, Heidelberg se vitaliza cada semestre con estudiantes alemanes y extranjeros. Miles de turistas animan sus calles. Y casi nadie deja de recordar la vieja canción “Ich habe mein Herz in Heidelberg verloren” (He perdido mi corazón en Heidelberg). Es que en la ciudad del Neckar se pueden perder muchos corazones.

 

COMO LLEGAR

El aeropuerto internacional de Frankfurt es el más cercano, ubicado a 90 kms de distancia. Itinerarios recomendados vía aérea:

  • LATAM: https://www.latam.com/es_cl/, operando en la actualidad vuelo directo a Frankfurt, vía Sao Paulo/Guarulhos, con 3 frecuencias semanales (lunes, miércoles y domingo), con salida a las 21:45 y llegando a las 16:50, ambas horas locales.
  • Air France: wwws.airfrance.cl (que hace Santiago-Paris-Frankfurt)
  • KLM: www.klm.com/home/cl (en vuelo Santiago- Amsterdam-Frankfurt).

 

DONDE ALOJAR
  • Hotel Zum Ritter, la casa más antigua de Heidelberg y la única que resistió la destrucción de la ciudad por parte de las tropas francesas de Luis XIV.
  • Boutique Hotel Heidelberg Suites Small Luxury Hotels: un clásico por su elegancia, cuenta con un restaurante crucero que dos veces por semana hace un recorrido por el rio Neckar en tour durante unos 30 minutos. Con hermosa vista a la parte antigua de la ciudad.
  • Europäischer Hof Heidelberg, con habitaciones de diferentes estilos de decoraciones, acogedor y bien ubicado.