TEXTO: Arturo Arriagada Castro

 

Ya esparcida la noticia por los principales medios de comunicación y el mundo entero, sabidos son los líos que vinculan al abdicado Rey de España, Juan Carlos I, con una serie de acusaciones sobre corrupción y la existencia de una supuesta comisión por US$100 millones, que le habría sido entregada por la construcción del tren de alta velocidad a la ciudad sagrada del islam, La Meca, en Arabia Saudita. Acto seguido el Rey emérito comunicó en una carta a su hijo, el Rey Felipe VI, su autoexilio para no entorpecer la investigación que sigue la fiscalía, y dejar que el monarca español pueda reinar en una aparente tranquilidad.

 

 

Lo tragicómico de esta historia es que Juan Carlos de Borbón no se marcha ni a la Isla Elba, como se le impuso a Napoleón Bonaparte en sus tiempos, ni a un país vecino donde probablemente sería bien recibido por la monarquía local. Todo lo contrario, decidió en un comienzo (aunque ahora se encuentre en los Emiratos Arabes) replicar el viaje de Cristóbal Colón hacia las Américas y recalar en La Española, hoy República Dominicana, para instalarse al menos por un tiempo en La Romana, uno de los balnearios más exclusivos del país. República Dominicana, sin lugar a dudas, es el paraíso. Para muchos el mejor lugar del mundo para vivir. Una isla de gente amigable, en pleno Mar Caribe, con un clima privilegiado todo el año solo interrumpido por algún que otro huracán; y que no solo cuenta con una decena de las mejores playas del mundo, sino también con una rica historia de descubrimiento y crisol de culturas que podemos apreciar y visitar en el casco antiguo de Santo Domingo, la capital. A eso, sumen el Ron y los Puros, los más reconocidos en el mundo.

 

 

Justamente uno de mis últimos viajes fuera del país fue a República Dominicana. Hacia fines de enero de este año, en el umbral de la pandemia y por motivos de trabajo, viajé junto a mis queridos amigos y socios de Worldcom Group en América Latina, Estados Unidos y España, a nuestro tradicional meeting anual, esta vez en Santo Domingo. Por un tema práctico, a los chilenos nos es más fácil volar hacia Punta Cana, de forma directa o vía Lima, que hacerlo hacia Santo Domingo vía Panamá o Miami. La razón es la mayor disponibilidad de vuelos. Una vez aterrizas en ese maravilloso aeropuerto, ya sientes el calor del Caribe, la tibieza del mar y la calidad de sus habitantes. Como nosotros debíamos continuar viaje hacia la capital, rentamos un auto en el Rent a Car Center (están todos los mundialmente reconocidos, yo me decidí por Álamo) y por una autopista de peaje viajamos cerca de dos horas y 45 minutos hacia Santo Domingo. En cuanto al motivo del viaje, podemos señalar que fueron dos días de intenso trabajo, mucho aprendizaje y gran camaradería. Sin embargo, en nuestros ratos libres pudimos disfrutar de una ciudad con mucha vida y ambiente, excelentes restoranes, gente amable y, a mi juicio, lo más interesante: un patrimonio histórico invaluable.

 

 

Como mencionábamos, Cristóbal Colón pisó por primera vez tierra firme en nuestro continente un 5 de diciembre de 1492, en la costa norte de la isla, a la que bautizó con el nombre de La Española. Y fue su hermano, Bartolomé Colón, quien estando a cargo de la isla, fundó Santo Domingo un 5 de agosto de 1498. Hoy, quinientos años después, toda esa historia se respira hondamente al visitar la ciudad colonial, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Al recorrer sus calles, pasajes y edificios nos encontramos con el origen de nuestra cultura y de nuestro pasado; el lugar donde todo comenzó para nosotros. En Santo Domingo y en el inicio de sus aventuras por las Américas, residieron y tuvieron cargos de jerarquía los más renombrados integrantes del que podríamos llamar el Dream Team de los conquistadores: a Colón se sumaron su hermano Bartolomé y su hijo Diego, también Nicolás Ovando, Hernán Cortés y Francisco Pizarro, entre otros.

 

 

Solo disponía de un día para ver y recorrer la ciudad colonial (Recomiendo hospedarse en Hotel «Hodelpa Nicolás de Ovando», muy bien situado en pleno casco antiguo). La buena noticia es que fue tiempo suficiente. Pude destinar un día completo para caminar tranquilamente por sus calles y rememorar el esplendoroso pasado del primer Virreinato de América. Por la mañana iniciamos la visita desde el Parque Colón (antigua Plaza Mayor), donde puedes tomar una fotografía junto al monumento del descubridor y desde donde se aprecia de gran forma la fachada de la Catedral Primada de Santo Domingo, las más antigua de nuestro continente (aquí todo es lo más antiguo del continente!!!). Luego sugiero ingresar y recorrerla en su interior. También en el lugar se encuentra el antiguo Palacio Consistorial o Torre del Reloj, actual Ayuntamiento.

 

 

Luego continuamos el recorrido por calle de Las Damas, la más antigua de Santo Domingo, visitamos el Panteón de la Patria (antigua iglesia jesuita) y el Museo de las Casas Reales, probablemente el más completo del continente en cuanto a historia de América. Terminada esta visita, y ya algo agotados por el calor, retornamos al Parque Colón y descansamos en la terraza del restaurant El Conde. Ahí disfrutamos de un buen Ron añejo acompañado por un buen puro de la isla, mientras esperábamos nuestro almuerzo. Y como la experiencia fue fascinante, fuimos a parar al Museo del Tabaco, justo al lado de El Conde. Ahí pudimos testear y comprar un par de cajas de los mejores puros dominicanos. Ya descansados, alimentados y con muchas ganas de seguir recorriendo, nos dirigimos a un imperdible, el Alcazar Real. Situado a unas pocas cuadras del Parque Colón, fue residencia del Virrey y primer Gobernador, Diego Colón. Ocupado por la familia y su descendencia hasta 1577, hoy es un museo que conserva parte importante del mobiliario de la época. Desde ahí seguimos unas cuadras hacia la Fortaleza Ozama, el fuerte más antiguo construido por los españoles en América, para terminar el recorrido en el Convento de los Dominicos, lugar donde se realizaban estudios de teología que dieron paso a la primera universidad establecida y reconocida en el continente.

 

 

La visita no habría sido completa si ya de noche no hubiésemos visitado Jalao (nombre de un tradicional postre dominicano hecho en base a coco y miel), un establecimiento de comida típica dominicana ubicado frente al Parque Colón y que brilla por su ambientación, la gastronomía local, música local y baile en vivo, una combinación perfecta de lo que podríamos resumir es Santo Domingo y República Dominicana. Al día siguiente, ya en la despedida, retomamos la ruta costera que nos guía desde Santo Domingo hasta Punta Cana y Playa Bávaro. Zona de grandes resorts visitada por turistas de todo el mundo que viajan para disfrutar del clima y playas de República Dominicana en compañía de la familia y amigos.

 

 

Un poco antes, situada a 100 kilómetros de la capital, se encuentra la localidad de La Romana. En esa zona, el lujoso complejo hotelero Casa de Campo sería el lugar escogido por Juan Carlos I para establecerse temporalmente, en caso de arribar finalmente a República Dominicana. Dotado de todas las comodidades, cercanía al mar e infraestructura de primer nivel, esperemos que a su llegada el monarca disfrute su estadía en el lugar. ¡Y por qué no! También esperemos que se dé el tiempo para visitar Santo Domingo, su historia y su legado. Y quizás, por algún tiempo, los habitantes del país lo saluden y lo consideren su Rey, el Rey de República Dominicana. Todo lo anterior, insisto, si es que finalmente regresa de Abu Dabi, donde se le vió hace unos días…. en el Emirates Palace, el lujoso hotel donde se hospeda.

 

NOTA DE LA REDACCION – Arturo Arriagada Castro es periodista y experto en comunicación. Como Director de LatinMedia Comunicaciones y socio de Worldcom Group, en sus viajes de trabajo aprovecha sus ratos libres para conocer la cultura y los atractivos de las ciudades que visita. A propósito de la probable próxima llegada del Rey emérito de España Juan Carlos I a República Dominicana, en este relato Arturo narra su reciente estadía en ese país y en su capital, Santo Domingo.

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