Texto y fotografías: Cristián Cordero

 

Nunca es fácil programar un viaje familiar con hijos grandes, por lo que la elección de vacaciones en la Costa Dálmata de Croacia fue un tremendo acierto. La mezcla de una historia fascinante, playas de aguas transparentes y unos paisajes de ensueño hacen de Croacia un destino imperdible.

 

 

DUBROVNIK

Tomamos un vuelo directo desde Berlín a la increíble Dubrovnik (también conocida como Ragusa), declarada Patrimonio de la Humanidad. Después de un vuelo de casi dos horas, llegamos a la primera parte de nuestro viaje. Nada más asomarnos a la terraza de nuestro departamento, supimos que no nos habíamos equivocado al elegir este destino: la antigua ciudad amurallada de la Perla del Adriático se aparece y te transporta de un golpe a cientos de años en la antigüedad, cuando competía a la par con Venecia por ser una potencia mercantil en el Adriático. La ciudad vieja está llena de laberintos y calles estrechas, pero así mismo grandes explanadas, como Stradun, la calle principal, que permiten apreciar la perspectiva de la ciudad. En un espacio reducido conviven 30 iglesias católicas, una ortodoxa y una sinagoga.

 

 

La mejor hora para disfrutar Dubrovnik es al atardecer, cuando los cruceros que vienen por el día se marchan. Allí la Ciudad Vieja queda más desocupada para disfrutar el atardecer y los deliciosos bares y restaurantes dentro de sus murallas.

 

 

Sin duda, lo que ha hecho explotar el turismo en Dubrovnik ha sido la serie Game of Thrones, ya que muchas de las escenas se grabaron aquí, en el famoso King’s Landing. Esto hace que esté repleto de tours que ofrecen a los fanáticos la oportunidad de adentrarse en las locaciones y los secretos de esta exitosa serie. Y nosotros, como fanáticos que somos, nos costó elegir qué tour tomar. Pero dimos afortunadamente con Iva, una mujer que trabajó primero como stand-in (los que reemplazan físicamente a los actores en sus lugares para marcar escenas con sus contrapartes) y después como asistente de producción de la serie. Así que pudimos conocer de primera mano muchas anécdotas de las filmaciones en Dubrovnik. Acá puedes tener acceso a la locación de una de las escenas más imborrables de Game of Thrones, the “Walk of Shame”, donde la penitente reina Cersei debe descender desnuda las escaleras de la vergüenza.

 

 

Sin duda, los fanáticos de Game of Thrones alucinarán con la cantidad de locaciones que pueden encontrar en esta ciudad, incluido el famoso Trono de Hierro. Pero, Dubrovnik es sin duda mucho más que Game of Thrones. Su historia tiene cosas tan sorprendentes como encontrarse, dentro del Monasterio Franciscano, con la tercera farmacia más antigua del mundo (1317), y que todavía sigue funcionando como tal.

 

 

Un imperdible en esta ciudad es recorrer sus dos kilómetros de murallas. Desde allí puedes tener las vistas más hermosas de la ciudad y del Mar Adriático. Las playas en toda la costa Dálmata tienen una característica común: aguas cristalinas y playas de piedras o roca sin arena. Banje es la playa la más concurrida en Dubrovnik. Si busca privacidad y tranquilidad, este no es el lugar para tomar sol. La comida croata tiene una gran influencia italiana, por lo que los restaurantes tienen en su mayoría una gran oferta gastronómica basada en pastas y pescados; y con precios acorde a ser un principal destino turístico, aunque puedes encontrar muchas pizzerías a precios razonables.

 

 

MOSTAR (BOSNIA Y HERZEGOVINA)

Dubrovnik tiene otra gran característica y es que esta ciudad se encuentra aislada del resto de Croacia, por lo que para conectar con el resto del país debes pasar por la frontera de Bosnia y Herzegovina. Nosotros arrendamos un auto para irnos a Split. Decidimos desviarnos un poco del camino y visitar la hermosa ciudad de Mostar, en Bosnia y Herzegovina. Mostar es una ciudad que refleja el desgarramiento que sufrió la ex Yugoeslavia y las terribles secuelas de la guerra de los Balcanes. Allí conviven, solo separados por el río Nerteva, croatas católicos y bosnios musulmanes. El símbolo de la ciudad es el puente medieval (Stari Most) que une ambas partes de la ciudad y que sirvió de unión a sus habitantes por más de 400 años, hasta que durante la guerra de los Balcanes de los años 90 fue volado por el ejército Croata. La UNESCO ayudó a reconstruirlo y hoy vuelve a ser el símbolo de unión y tolerancia política y religiosa que nunca debió de perderse. Vale la pena recorrer sus calles y mercados al aire libre, probar su delicioso café y ver cómo conviven en sus calles mujeres cubiertas completa o parcialmente con sus burkas con otros vestidos con shorts, sandalias y poleras.

 

 

SPLIT

Sí eres alguien que le gusta la historia antigua, sin duda Split te fascinará. Es la segunda ciudad más poblada de Croacia, después de la capital Zagreb. Pero sin duda el principal atractivo de este puerto es el Palacio Diocleciano, lugar de descanso construido por el Emperador Romano Diocleciano en el año 300 D.C. Hoy el Palacio Diocleciano es un verdadero museo al aire libre y fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Lo mejor es dejarse llevar y perderse en sus estrechas calles, llenas de tiendas, bares y restaurantes donde sentarse a observar este maravilloso lugar. Desde el campanario de la Catedral de San Diomo (la más antigua del mundo) se obtienen las vistas más hermosas de Split. Un imperdible es pasear por la Riba o Paseo Marítimo, una explanada junto al mar repleta de bares y restaurantes, donde se concentra gran parte la de vida nocturna en la ciudad.

 

 

HVAR

Croacia cuenta con más de 1.200 islas, por lo que existen muchas opciones para visitar. Nosotros elegimos la isla de Hvar, la más larga del Mar Adriático, para pasar unos días relajados en la playa. Desde Split a Hvar hay catamaranes y ferries que cruzan todo el día. Es ferry es un viaje de casi dos horas. Hvar es un lugar idílico para descansar y pasarlo bien. El mar es de aguas casi transparentes. Y aunque, al igual que en toda costa Dálmata no existen las playas de arena, puedes arrendar unas tumbonas para reposar sobre las rocas y saltar al mar desde allí (casi todas las playas tienen escaleras para subir de vuelta a las rocas). Muchas playas cuentan con bares y restaurantes, por lo que es muy cómodo poder comer o tomar algo en uno de ellos o simplemente refrescarte con una buena copa a la orilla del mar. La costa del mar Adriático se ha convertido en los últimos años en un lugar de gran afluencia de celebridades y del “jet set” que usualmente repletaba la Costa Azul, por lo que es impresionante la gran cantidad de embarcaciones que se pueden ver por todas sus playas.

 

 

Hvar también cuenta con un casco histórico que, al caer la noche, se transforma en el centro de toda la actividad de esta parte de la isla, y sus calles se repletan de turistas. Algunos, buscando una mesa en la abundante y rica oferta gastronómica del lugar. Otros, los más jóvenes, repletando los múltiples bares, donde abunda el reguetón latino. En nuestro último tramo regresamos a Dubrovnik, donde alojamos en unos de los hoteles de propiedad de Andrónico Luksic, el Hotel Villa Glavic, a solo 200 metros de la ciudad amurallada. Este hotel es parte de un complejo de tres villas de su propiedad, junto con el Villa Argentina y el Villa Sheherezade.  Iconos de la ciudad, estos hoteles cuentan con las mejoras vistas y una maravillosa piscina junto al mar.

 

 

Sin lugar a dudas, Croacia es un lugar que, sobre todo, no desilusiona y que hace que uno se vaya con la enorme ilusión de volver.