Texto: Braulio Natera

Fotografías: Gentileza de Image Bank Sweden

 

A decir de muchos, Suecia parecería ser la Venecia del norte, cuna de grandes invenciones, del premio Nobel y del vodka Absolut. Quizá no sea yo una voz autorizada para hablar de Suecia, ya que mi relación con esta maravillosa nación ha sido profesional. Lo que sí revela es la experiencia de un viajero que de a poco ha disfrutado los sabores de una tierra que asombra, no solo por su extenso territorio, sino también por la variedad de su geografía.

 

 

La capital del “menos es más”

Su capital, Estocolmo, es un archipiélago con miles de islas que la convierten en un paraíso para la navegación. Tener una licencia de navegación es, a ratos, más normal que tener una licencia para conducir vehículos. Esta ciudad concentra la mayor cantidad de ciudadanos por metro cuadrado, y la realidad es que apenas supera el millón. Hablar de Estocolmo es hablar de una de las capitales más cosmopolitas y vanguardistas del mundo, pero también muy reservada. Aunque suene contradictorio, eso es lo que respiramos en sus calles, museos y teatros, en su gran vida nocturna, fantástica gastronomía y hotelería de primera. Pero, su gente –siempre a la moda, espectacularmente arreglada- destaca por su sencillez y un dejo de humildad que apunta al ‘menos es más’ como axioma de vida.

 

 

Modesta en el sentido estricto de la palabra -pero con una grandeza interior que opaca a muchos- Estocolmo es un lugar donde impera el contraste, el mismo que hizo famoso a Alfred Nobel, a quien pocos conocen como inventor de la dinamita, pero sí como símbolo del premio homónimo, el de la paz como el más célebre. O el que distingue a sus viejos edificios que por dentro esconden diseño, contemporaneidad y lo más avanzado de la tecnología y funcionalidad. Porque en Suecia la pasión por los objetos funcionales lo inunda todo.

 

 

CUATRO ESTACIONES, UN SOLO HECHIZO

Por su ubicación geográfica, Suecia posee -como la mayoría de los países europeos- las estaciones bien marcadas. Todas tienen su encanto, pero la primavera es mi favorita. El solo hecho de ver a la gente de Estocolmo saltando por las calles con esa energía única, abarrotando las plazas y con los canales que circundan la ciudad tapizados de lanchas y botes a vela, es todo un acontecimiento. Desde la bahía de Nybroviken, se toman pequeños ferrys que dan un paseo por la ciudad y hasta lo pueden dejar a uno en una isla cercana para almorzar o cenar. En esos días, se puede ir caminando a todos lados gracias a los puentes que conectan la ciudad. Como la mayoría de las capitales europeas, Estocolmo tiene su casco histórico, llamado Ganla Stan, donde se encuentra ubicado el castillo de los reyes de Suecia, una de las monarquías con más bajo perfil del mundo, pero muy querida. Esta zona histórica no es muy grande y tiene calles bien estrechas llenas de detalles, cafés y restaurantes que la hacen muy apetecible. Quizá el local con más historia y pintoresco de todos sea el Freden, abierto desde 1722.

 

 

MAS ALLA DE ESTOCOLMO

Suecia tiene tres ciudades principales: Estocolmo, Gotenborg –ciudad industrial– y Malmo, su principal puerto. Pero hay dos zonas que seducen: Jukkäsjarvi, muy al norte, 200 km por encima del Círculo Polar Artico: pueblo donde en invierno se construye todos los años el famoso hotel de hielo. En esa época es posible alquilar motos de nieve, trineos halados por perros y atravesar el rio Torne –congelado, claro está– para conocer a los Samis, una tribu semi–nómada que cría renos como método de vida. Otro seductor pueblo es Åhus, al sur de la nación escandinava. Lo llaman el granero de Suecia y es allí donde se produce todo el Absolut Vodka que se consume en el mundo. Quien lo desee puede alojarse en Kristianstad, una ciudad cercana reconocida por sus bajos precios y con las mismas tiendas que tiene Estocolmo, pero en formato pequeño.

 

 

Así que cuando pensemos en Suecia, lo único que falta es atreverse porque, a decir verdad, conocer Escandinavia es un verdadero placer.

 

DATOS A TENER EN CUENTA
  • Llegar a Estocolmo es muy fácil. Cualquier ciudad importante de Europa conecta con el aeropuerto de Arlanda y, una vez aquí, sólo se necesita tomar un tren que conduce a Estocolmo en 20 minutos.
  • Tiene muchísimos hoteles buenos. Mis favoritos: el Rival, situado en la isla de Södermalm, cuyo dueño es Benny, ex-integrante de Abba, la banda sueca más importante de toda la historia. El Berns, en un edificio que data de 1863 con su propio teatro, un bar cotizado y quizá el mejor restaurante de comida asiática de la ciudad. Y por último, el Nordic Sea, justo a la salida del Arlanda Express, muy conveniente si se quiere volver rápido al aeropuerto, con el metro cerca y a pasos de los principales centros de compras y diversión de la ciudad.

 

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