Texto y fotografías: Irene Strodthoff *

“Pero, si queda tan lejos”, era la frase más oída al hablar de Australia. Hoy los vuelos directos entre Santiago y Melbourne o Sydney, las dos ciudades más pobladas de ese país y siempre en la lista de las mejores del mundo para vivir, tardan un promedio de 13 horas. Costó que los chilenos, en particular las nuevas generaciones, miraran a Australia como un destino posible. Desde la puesta en marcha del programa Work and Holiday visa, la competencia por uno de los dos mil cupos que se ofrecen para chilenos es feroz.

 

 

La iniciativa, orientada a jóvenes entre 18 y 30 años y que en 2020 podría ampliarse a 35 años, permite combinar trabajo y vacaciones por un año en Australia. Es una experiencia que conlleva independencia económica, aprendizaje de inglés y viajes a infinidad de playas, parques nacionales y paisajes que sorprenden. El lema es trabajar, ahorrar y viajar.

 

 

El interés por Australia se ha diversificado en forma importante y hoy se ha convertido en un foco de atracción para profesionales chilenos que buscan estudios de posgrado. Australia tiene las mejores universidades del mundo, después de Estados Unidos e Inglaterra. Pero, a diferencia de estos dos países, hay sol durante dos tercios del año y la nieve en espacios urbanos es un exotismo absoluto.

 

 

CLIENTE CONTENTO

“Easy (fácil)”, es una palabra común a la hora de contratar algún servicio de transporte o bien organizar un viaje. Los australianos dan un servicio de excelencia y se esfuerzan por ello. Es parte de su esencia. Donde vaya, en las grandes ciudades, el visitante podrá disfrutar de una multiplicidad de restoranes y cafés de buena calidad, estos últimos gracias a la potente inmigración italiana que llegó después de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Australia es líder en la industria de servicio al cliente (hospitality). El propósito es dejarlo siempre contento. Lo logran con una facilidad que asombra. El “es que”, tan clásico en Chile para truncar posibilidades, no existe. Al cliente no lo enredan con las propinas. Se paga lo que indica la boleta. Y si los comensales quieren cancelar por separado, tampoco hay problemas. Al final, el sistema siempre ofrece más de lo que el consumidor espera.

 

 

Si bien la vivienda y el transporte son caros para Chile, los precios reflejan calidad. Un pasaje mínimo en tranvía en Melbourne cuesta $2.000, mientras que el arriendo de una habitación con baño compartido no baja de $400.000. Lo anterior se compensa con los altos sueldos y con el acceso gratuito, si se es estudiante, a parques cuidados en el más mínimo detalle, rebajas en cines y distancias caminables entre distintos puntos de atracción.

 

 

NEGOCIANDO LA IDENTIDAD

La construcción mental del australiano anglosajón, rubio de ojos azules, camina a pasos acelerados hacia una población híbrida, luego de la puesta en marcha del programa de inmigración que fijó el gobierno hace 40 años. Tanto en Sydney como en Melbourne las comunidades de inmigrantes se tienden a agrupar en barrios. En Sydney, es frecuente que el australiano blanco viva cerca de la playa, mientras que africanos, árabes, asiáticos y latinoamericanos se concentran hacia el suroeste de la ciudad. En el mundo académico, el estudio de la identidad pasa a ser central: cómo los inmigrantes negocian las costumbres e idioma del país de origen con el nuevo ambiente que los acoge y los invita a ser australianos, al menos, en el papel. Tener “acento” no es tema a la hora de entablar una conversación en inglés. Lo que importa es la actitud y tener disposición a hacer las cosas bien en el trabajo. La jornada laboral va de 9 a 5 PM. Los bancos cierran a las 4 PM. Lo mejor: los supermercados abren a las 6 AM y los cafés a las 6.30 AM.

 

 

Ser puntuales, respetuosos del espacio del otro, cumplir con los compromisos, no interrumpir un diálogo, evitar saludar de beso y no preguntar de inmediato por la vida privada, son temas claves a la hora de ser bien recibido.  Sonría, no invada, parece ser la tónica. Todo lo demás es necesario vivirlo, olerlo, disfrutarlo y conocerlo. Visitar Australia es algo posible y un destino que lo va a llevar a regresar.  Eso sí, evite enero, cuando las temperaturas pueden sobrepasar los 40 grados. Igual, lleve paraguas para protegerse del sol y de los aguaceros inesperados en pleno verano.  Las temporadas más gratas son otoño y primavera, que permiten disfrutar de un estallido de colores y aromas junto con las mejores liquidaciones de media estación.

 

 

*Irene Strodthoff es periodista. Visitó Australia por primera vez hace dos décadas en viaje de turismo. Luego vivió seis años en Sydney, donde obtuvo su máster y doctorado. En 2017, estuvo un semestre en la universidad RMIT en Melbourne para desarrollar un trabajo de investigación sobre Chile y Australia con fondos del gobierno de Australia y APEC. Hoy Australia es su segunda casa.

 

COMO LLEGAR

OPCION A: Qantas – www.qantas.com – y Latam (www.latam.com) tienen vuelos directos a Australia.

OPCION B: Latam también vuela a Sydney, con stop over en Auckland y tiempo más largo.

OPCION C: viajar a Buenos Aires y tomar Air New Zealand –www.airnewzealand.com – una excelente línea áerea, que vuela directo desde Buenos Aires a Sydney.

ALOJAMIENTO

Para quienes no vayan con alto presupuesto, Airbnb es la solución. Los que vayan por un tiempo más largo, pueden buscar arriendo en www.flatmates.com. Y el turista puede quedarse en los hoteles Ibis, siempre bien ubicados y con muy buenas habitaciones que suelen remodelar seguido.

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