Por su espectacularidad y progreso hoy esta urbe, que sufrió guerras e invasiones, hace franca competencia a Nueva York. No sin razón la llaman “La París del Oriente”.

 

Texto y fotografías: Verónica Foxley

 

He recorrido varias ciudades de Asia y, en honor a la verdad, debo reconocer que no soy demasiado amiga del llamado progreso que se “traga” la historia: ese capitalismo de retro-excavadora que va derribando los barrios y casas para, en su lugar, levantar modernas construcciones. Y cuando se trata de la china comunista y específicamente de una ciudad como Shanghai, uno se pregunta qué tipo de matrimonio puede coexistir entre el comercio desatado y la sociedad comunista.

 

 

Los modernos rascacielos de neón y los avisos tintineantes que iluminan cada edificio se erigen como símbolos de lo que ya se fue, de ese pasado romántico que un viajero como yo añora, aunque nunca antes haya visto. ¿Dónde quedó China? ¿Qué tiene que ver el sueño de la sociedad igualitaria comunista de Mao Zedong con que hoy gran parte de las fortunas más grandes del mundo sean chinas? A simple vista la respuesta parece ser obvia: muy poco. Pero, a medida que uno se sumerge en la ciudad va descubriendo retazos de esta compleja realidad y si bien nunca se termina de entender del todo, la ciudad funciona y, al parecer, la sociedad también con sus claroscuros, por cierto.

 

 

 

Dejando de lado las teorías políticas y económicas, Shanghai es precioso y con algo de tiempo (yo estuve sólo 3 días), buena información previa, astucia y sobre todo con aplicaciones de mapas y de traductores offline se puede conocer algo más de la superficie de Shanghai. Mientras la capital Beijing (otrora Pekín) es el centro cultural e histórico de China, Shanghai es el centro financiero y comercial. El boom económico de los años 90 ha convertido a esta ciudad en el centro económico estratégico de China. Pero, esa es sólo una cara de ella porque, a pesar de ello, Shanghai está llena de contrastes. Los enormes rascacielos y edificios de la zona de Pudong, levantados en los últimos 25 años sobre terrenos pantanosos en medio del boom de la construcción en Shanghai siguen subsistiendo -aunque cada vez menos- junto a algunos barrios llamados Shikumen, donde conviven el pasado chino y la arquitectura de Occidente: callejones típicos, donde las familias viven en espacios mínimos. No en vano ésta es la ciudad más poblada del mundo. Basta salir de uno de los grandes centros comerciales del área del Bund, caminar algunos pasos para encontrarse con angostos callejones, donde familias enteras se “toman” las veredas, instalan mesas y almuerzan al aire libre. Están los puestos de comida, los viejos almacenes, donde se vende de todo, desde arroz hasta curiosos negocios de grillos enormes, que simbolizan prosperidad y que se venden como mascotas, o se usan para las luchas de grillos, algo así como nuestras peleas de gallos.

 

 

 

En Shanghai, el inglés prácticamente no existe. No lo hablan en la calle, ni en los comercios, ni los taxistas. Muchos lugares turísticos tampoco tienen explicaciones ni carteles en inglés. Conviene además llevar una libreta para, en caso de necesitarlo, escribir las direcciones en chino. Uno de los muchos lugares que no poseen un solo letrero en inglés es la casa de dos pisos que ocupó durante un tiempo en 1924 Mao Tse Tung con su familia.  Si bien estuvo apenas un año en ella, allí están parte de sus objetos personales como sus emblemáticas gorras, escritos y cigarros favoritos, su sillón de cuero y muchas fotos.

 

 

 

El barrio “ElBund” es una visita obligada. Caminar por la peatonal del río HuangPu -que lo separa del moderno distrito de Pudong- permite disfrutar de la construcción europea y también de las vistas de los edificios alucinantes de este último. Si se quiere sentir como en el Sena, pero en versión asiática, es una gran idea dar un paseo en los barquitos y cruceros que navegan por el río. Aquí también vale la pena subir de noche a tomarse un trago a la terraza de algunos de sus hoteles de cinco estrellas, como El Península o ir al Peace -donde no puede perderse el jazz en el bar- o simplemente tomarse un trago en el histórico Long Bar, del Waldorf Astoria. En esta misma zona en las tardes podrá ver decenas de novias que llegan hasta allí para hacerse fotos con las impresionantes vistas de fondo.

 

 

 

Otro lugar impostergable es El Parque y la Plaza del Pueblo. Allí se encuentran los museos más importantes de la ciudad, el Gran Teatro de Shanghai.Y todo es tan bonito que se puede caminar por horas en este pulmón verde de la ciudad. En la salida 9 del metro, y también en una esquina de esta extensa zona, se encuentra un área que para nuestra cultura occidental parece sacada de una novela. Con una laguna llena de flores de loto y antiquísimos árboles, es aquí donde uno puede encontrar esa otra cara de China que a simple vista no se ve. Desde el 2004, todos los fines de semana, llegan hasta allí padres y madres desesperados porque su hijo (a) aún no ha logrado encontrar con quien casarse. Por ello son centenares de padres o abuelos que se paran con un cartel de cartón, cuidadosamente instalado sobre un paraguas. En los letreros se leen los datos del joven, características físicas, signo del zodíaco -algo muy importante que revela la compatibilidad de los novios- edad, oficio, propiedades en el caso que las tenga y la ciudad de origen. En algunos casos también es posible ver las fotos del candidato (a). Como en un mercado del “amor”, los padres que andan en la búsqueda conversan con los oferentes y anotan los teléfonos. En China hasta hace poco era muy común los matrimonios arreglados por los padres. Si bien hoy las personas pueden elegir con quien hacerlo, pasada cierta edad -más allá de los 25 años- el tema deja de ser voluntario y cae en manos de la familia. También en esta plaza hay una gran pérgola donde los locales juegan a las cartas y back gamon. En el distrito de Pudong hay que visitar la Torre de la Perla y tomar el ascensor hasta la cúpula. Este enorme rascacielo -símbolo distintivo de la ciudad- tiene 468 metros y tres miradores a distinta altura. Otra opción es subir a la Torre de Shanghai, el rascacielos más alto de China.

 

 

Hasta los años 40, Shanghai se vio invadida por ingleses, americanos y otros países de Europa, quedando la ciudad dividida en “Concesiones”. Una de ellas, la zona de la llamada Concesión francesa, que tiene una larga historia (que es mejor buscar en Wikipedia) da cuenta de un pasado francés que hoy está plagado de tiendecitas y restaurantes de todos los estilos. Es obligatorio dar un paseo y comer en alguno de sus cientos de restaurantes. Otra maravilla es el jardín de Yu Garden, ubicado cerca de la antigua muralla y construido a la usanza de los antiguos jardines imperiales. A través de los 5 siglos que datan desde su construcción, se fue haciendo reformas y en la actualidad en su interior hay cientos de puestos y bazares de artesanías, ropa y algunas antigüedades. La lista de lugares para conocer en Shanghai es extensa y no es posible visitarlos todos en escasas 72 horas. Por ello, más adelante, cuando regrese -porque me quedó demasiado por ver- continuaré con el relato de esta fascinante ciudad.

 

 

DONDE ALOJAR:

Hotel W en Shaghai – The Bund, 65 Lvshun Road, Shanghai. http://www.wshanghaithebund.com

 

 

 

COMO LLEGAR:

Con American Airlines: https://www.americanairlines.com desde Santiago, con escala de 5 horas en Dallas.

Con Air Canada: Santiago/Beijing con escala en Toronto:  https://www.aircanada.com

Con Emirates: a partir del 6 de julio, vuelo directo Santiago/Dubai. Dos opciones Dubai/Shanghai. Una: conexión inmediata con 3 horas de espera. Otra, con un stop over en Dubai, saliendo hacia Shanghai al día siguiente. Información sobre vuelos: www.emirates.com/cl. Sobre el sistema de entretenimiento a bordo ICE que incluye información, comunicación y entretenimiento en https://www.emirates.com/cl/spanish/experience/inflight-entertainment/